
En España se estudian activamente las posibilidades de incorporar el nitrógeno líquido en el sector del transporte. Este elemento químico, representado como «N» en la tabla periódica de Mendeléyev, está ganando protagonismo en los debates sobre el futuro de la movilidad sostenible.
A diferencia de los combustibles tradicionales y las pesadas baterías, la tecnología se basa en utilizar la energía liberada cuando el nitrógeno pasa de estado líquido a gaseoso. Este proceso no genera emisiones nocivas, lo que lo hace atractivo para el desarrollo sostenible del transporte.
El nitrógeno constituye la mayor parte del aire atmosférico: aproximadamente el 78 %. Al enfriarse hasta menos 196 grados Celsius, se convierte en un líquido capaz de almacenar un considerable potencial energético. Cuando vuelve a estado gaseoso, su volumen aumenta cientos de veces, generando la presión necesaria para el funcionamiento del motor.
En comparación con el hidrógeno, el nitrógeno destaca por ser más seguro y fácil de almacenar. Puede obtenerse mediante fuentes de energía renovables. Sin embargo, almacenar nitrógeno líquido requiere depósitos criogénicos especiales, lo que incrementa los costes de implantación. Aun así, las ventajas de esta tecnología la convierten en una alternativa prometedora para el desarrollo del transporte sin emisiones.
En comparación con los vehículos eléctricos, el sistema con nitrógeno líquido no requiere baterías pesadas, lo que reduce el peso de los vehículos. El repostaje lleva un tiempo mínimo y no implica contaminación ambiental. Además, el nitrógeno es menos propenso a la ignición que otros tipos de combustible.
De este modo, el nitrógeno líquido podría convertirse no solo en una alternativa a los productos derivados del petróleo, sino también en un competidor de las soluciones eléctricas e hidrógeno actuales. En España se sigue analizando la eficacia y la viabilidad económica de la implantación de estas tecnologías.
A modo de comparación, los motores de hidrógeno pueden funcionar mediante pilas de combustible o por combustión directa. En el primer caso, el hidrógeno reacciona con el oxígeno, generando electricidad y emitiendo solo vapor de agua. En el segundo, se utiliza un motor de combustión interna modificado, donde las emisiones de óxidos de nitrógeno son mínimas y no se produce dióxido de carbono.
Los automóviles eléctricos destacan por su alta eficiencia, una infraestructura de recarga desarrollada y bajos costes operativos. Los vehículos de hidrógeno ofrecen ventajas en tiempos de repostaje y autonomía, pero su producción sigue siendo costosa y requiere mucha energía.












