
En la década de 1930, unos dispositivos inusuales aparecieron en las carreteras del Reino Unido y rápidamente se convirtieron en una parte indispensable del paisaje vial local. Se trata de los reflectores conocidos como «ojos de gato» (cat’s eyes), que recibieron este apodo por su peculiar aspecto. Su función es devolver la luz de los faros al conductor, haciendo que las marcas viales sean visibles incluso en la noche más oscura o bajo fuertes lluvias. Los conductores señalaban que estos elementos parecían literalmente «mirar» desde la cuneta, ayudándoles a no desviarse de la ruta.
En Rusia también intentaron introducir reflectores similares, pero nunca llegaron a usarse de forma masiva. Esto se debe no solo al clima, sino también a las particularidades de diseño de los modelos nacionales. Los originales británicos «ojos de gato» eran mucho más complejos de lo que parecían a simple vista.
La tecnología del invento
La principal característica de los reflectores británicos es su capacidad de autolimpieza. La estructura consta de dos partes: una carcasa rígida protege las lentes de vidrio de los daños, mientras que la base elástica de goma permite que el dispositivo se hunda ligeramente bajo el peso del vehículo. Cuando la rueda pasa por encima del reflector, este se hunde y una rasqueta integrada de polímero elimina la suciedad y el polvo de la superficie. Un canal adicional en la base recoge el agua de lluvia, que enjuaga las lentes y refuerza el efecto de limpieza.
Esta solución resultó sumamente eficaz para las carreteras británicas, donde las precipitaciones son frecuentes y el barro y la arena se acumulan rápidamente en la calzada. Gracias a la autolimpieza, los reflectores conservan su brillo por mucho tiempo y no requieren mantenimiento frecuente. Los conductores pueden estar seguros de que, incluso después de lluvias intensas o nevadas, las señales seguirán siendo visibles.
Experiencia rusa
En Rusia intentaron implementar dispositivos similares, pero el ahorro en materiales y la simplificación del diseño jugaron una mala pasada. En lugar de los modelos británicos originales, aparecieron en las carreteras versiones económicas sin el mecanismo de autolimpieza. Como resultado, los reflectores se cubrían rápidamente de suciedad, nieve y polvo, perdiendo su función principal: reflejar la luz de los faros.
La situación empeoraba en invierno: los dispositivos se convertían en bultos de plástico duro que dificultaban el trabajo de las máquinas quitanieves. Los servicios municipales se quejaban de que estos elementos no solo no ayudaban, sino que también complicaban la limpieza de las carreteras. Finalmente, la idea de usar masivamente los ‘ojos de gato’ en Rusia fue descartada y hoy son una rareza en calles y autopistas.
Leyes de la óptica
El funcionamiento de los reflectores se basa en leyes físicas simples. Dentro de la carcasa hay un reflector de una forma especial que devuelve el haz de luz exactamente en la dirección de donde vino. El mismo principio se utiliza en los catadióptricos de las bicicletas y en las tiras reflectantes de la ropa. Gracias a esto, incluso con poca luz, el conductor puede ver claramente la línea de señalización, lo que resulta especialmente importante en condiciones de poca visibilidad.
Sin embargo, la eficacia del reflector depende directamente de la limpieza de su superficie. Cualquier capa de suciedad o nieve reduce la capacidad de reflexión, haciendo que el dispositivo sea prácticamente inútil. Por eso los ingenieros británicos prestaron tanta atención al sistema de autolimpieza, mientras que los análogos rusos sin este sistema fallaron rápidamente.
Causas del rechazo
Entre las razones por las que los ‘ojos de gato’ no se adoptaron en Rusia, los especialistas mencionan no solo las condiciones climáticas, sino también factores económicos. Los dispositivos originales eran más caros, requerían una instalación más compleja y un control regular. Las versiones económicas resultaron ineficaces y su mantenimiento —demasiado costoso para los servicios públicos.
Como resultado, hoy en día solo se pueden encontrar algunos ejemplares de reflectores en las carreteras rusas, generalmente en autopistas nuevas o zonas experimentales. La mayoría de los conductores ni siquiera sospecha que estos dispositivos alguna vez pudieron convertirse en un estándar de seguridad en nuestras carreteras.
Si no lo sabías, la empresa que inventó los «ojos de gato» se llama Reflecting Roadstuds Ltd. Fue fundada en el Reino Unido en 1935 y hasta hoy sigue dedicándose a la fabricación de soluciones viales innovadoras. La marca se convirtió en un símbolo del enfoque británico hacia la seguridad vial, y el propio dispositivo es parte del patrimonio nacional. En Rusia, los productos originales de esta marca prácticamente no se utilizaron, y sus análogos no lograron repetir el éxito de la tecnología británica.












