
En pleno corazón de la comunidad autónoma de La Rioja, al pie del imponente pico San Lorenzo, se encuentra un rincón que se ha convertido en un auténtico imán para quienes buscan tranquilidad lejos del bullicio urbano. Es un lugar donde el aire de montaña está impregnado de aromas a pino y tierra húmeda, y el tiempo transcurre según sus propias y apacibles reglas. En los últimos años, se observa un cambio claro en las preferencias de los viajeros: el turismo masivo da paso a la búsqueda de experiencias auténticas, y precisamente esta demanda es la que satisface uno de los complejos más antiguos de la región, que permanece abierto durante todo el año.
Su historia comenzó en los años 80 del siglo pasado y desde entonces ha sabido conservar su mayor valor: un ambiente acogedor, casi familiar. Los gestores no buscaron seguir modas, sino que han mantenido cuidadosamente la idea de una integración armoniosa con el entorno. Los bungalós de madera, rodeados de árboles centenarios, parecen surgir de la propia tierra. Muy cerca se encuentran los famosos monasterios de Suso y Yuso, incluidos en la lista de Patrimonio Mundial, lo que aporta una profundidad cultural e histórica a la estancia. Los huéspedes que llegan hasta aquí suelen destacar que es precisamente en este lugar donde realmente logran “desconectarse” del mundo exterior y del ruido informativo.
La infraestructura del complejo está pensada hasta el más mínimo detalle para ofrecer una estancia cómoda sin perder las comodidades de la civilización. Las acogedoras cabañas, con capacidad para hasta cinco personas, están totalmente equipadas con todo lo necesario. Para quienes prefieren una experiencia más tradicional, hay amplias parcelas con césped bien cuidado y electricidad. En los días calurosos, es posible refrescarse en una gran piscina olímpica mientras los niños se divierten en su propia zona poco profunda. Para el ocio activo hay una cancha de voleibol y un campo de fútbol, y el restaurante local invita a descubrir las tradiciones gastronómicas de la zona, con platos típicos como la famosa sopa espesa de alubias rojas “caparrones”.
La procedencia de los visitantes de este lugar es muy diversa. Al principio, la mayoría eran residentes del vecino País Vasco que venían a pasar el fin de semana. Sin embargo, con el tiempo y gracias al boca a boca y a las reseñas entusiastas en internet, la fama del sitio se extendió mucho más allá de España. Hoy es habitual escuchar inglés, francés o neerlandés entre los huéspedes. A los europeos les atraen no solo los impresionantes paisajes y la posibilidad de hacer senderismo por los caminos de la Sierra de la Demanda, sino también la política de precios transparente. El coste del alojamiento varía según la temporada y quienes deciden quedarse más tiempo disfrutan de atractivos descuentos. Incluso las mascotas son bienvenidas, un aspecto importante para muchos viajeros.
Este oasis turístico se ha convertido en un claro ejemplo de cómo es posible desarrollar un negocio con éxito apostando por la sostenibilidad, la tranquilidad y un servicio de calidad. En una época en la que muchos buscan la oportunidad de desacelerar y disfrutar el momento, lugares como este se vuelven, sin exagerar, invaluables. Aquí, bajo la protección de una cadena montañosa donde el cielo nocturno está cubierto de miríadas de estrellas invisibles en las grandes ciudades, cada persona encuentra algo propio: ya sea la paz tan anhelada, la inspiración o simplemente la posibilidad de pasar tiempo con sus seres queridos en un entorno de belleza virgen. Los huéspedes valoran no solo la belleza del entorno, sino también el trato personalizado que convierte unas vacaciones habituales en una aventura inolvidable.












