
En el corazón de la sierra de Serra do Courel, en el municipio de Quiroga, provincia de Lugo, se esconde un verdadero tesoro para los amantes de la naturaleza salvaje. No se trata simplemente de otra ruta turística, sino de una auténtica aventura que permite, en un solo día, sumergirse en la diversidad de los paisajes gallegos. Aquí, lejos de las ciudades bulliciosas y los caminos transitados, es posible encontrar soledad y ser testigo de la fuerza y la belleza del agua, representada en cinco cascadas, cada una con su propia personalidad.
La travesía comienza en la cascada de Pombar. El camino hasta ella marca inmediatamente el tono de toda la jornada: supone un reto y una expectativa. Hay que superar una bajada bastante exigente de casi un kilómetro, donde cada paso requiere concentración. Sin embargo, lo que aguarda al final del trayecto hace olvidar cualquier dificultad. Un salto de doce metros cae en una amplia y profunda poza, creando una escena de fuerza primitiva. El aire allí está impregnado de humedad y frescor, y el estruendo del agua silencia todo lo demás, permitiendo una inmersión total en el momento.
A tan solo unos kilómetros de la primera maravilla se encuentra la segunda: la cascada de Pedriña. El paisaje aquí cambia por completo. El salto de agua, alimentado por el río Quiroga, se precipita desde quince metros de altura rodeado de un denso bosque de ribera. En los meses de verano, este lugar evoca un rincón perdido en los trópicos, por la exuberancia y el intenso verdor de la vegetación. En días lluviosos, los senderos se vuelven resbaladizos, lo que añade emoción a la caminata y recuerda el carácter salvaje de la naturaleza local, que exige respeto y precaución.
El sendero lleva después a uno de los pueblos más pintorescos de la región, la aldea de A Seara. Aquí, naturaleza y habitantes conviven en total armonía. Justo en el centro de este encantador lugar, entre casas de piedra con tejados de teja, se encuentra la cascada Gurbeas. No hace falta buscarla recorriendo caminos forestales: forma parte integral del paisaje del pueblo y puede admirarse desde un mirador especialmente acondicionado. Es un contraste asombroso tras los saltos de agua aislados del bosque.
La siguiente parada en el recorrido es la cascada Fócaro, una de las más altas de Courel. Su caudal desciende desde más de treinta metros y nunca se agota, incluso en periodos de sequía, mostrando su fuerza todo el año. Se sitúa muy cerca del camino que conduce al lago Lousenza, por lo que acceder a ella resulta sencillo. El estruendo del agua al caer se escucha desde lejos, y al acercarse, la nube de rocío crea un arco iris en los días soleados.
El día culmina con la cascada de Vieiros, la más alta de las cinco. Su altura alcanza los 34 metros, pero no solo impresiona por su tamaño. Las rocas que la rodean tienen un gran interés geológico, mostrando capas y texturas singulares. Este lugar también es popular entre los aficionados al barranquismo, lo que evidencia su relieve especial y su atractivo para los amantes de la aventura. Vieiros es un poderoso broche final que demuestra por qué este rincón de Galicia es una parada obligatoria para quienes aman la naturaleza.












