
La inauguración oficial del grandioso complejo multifuncional Roig Arena en Valencia, posible gracias a la inversión personal del propietario de Mercadona de 400 millones de euros, ha vuelto a centrar la atención en una de las familias más influyentes de España. Este ambicioso proyecto, que será la nueva sede del club de baloncesto “Valencia”, no es solo una iniciativa comercial, sino una prueba más del profundo vínculo del clan Roig con su ciudad natal. Los representantes de la arena destacan que, sin Juan Roig y su familia, una obra de tal envergadura habría sido impensable.
En el centro de este poder financiero e industrial se encuentra el propio Juan Roig y su esposa Hortensia Herrero. Su unión, iniciada en sus años de estudiantes en la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia a principios de los setenta, sentó las bases no solo de una sólida familia con cuatro hijas —Carolina, Hortensia, Amparo y Juana—, sino también de la creación de una fortuna colosal. Hoy su capital está entre los cinco más grandes de España y el propio Roig mantiene posiciones destacadas en los rankings mundiales de las personas más ricas del planeta.
La cuestión de la sucesión en un imperio de este tipo siempre es delicada, y todas las miradas están puestas en la hija menor, Juana. Ella, que se formó en la prestigiosa escuela de negocios Esade y ganó experiencia en gigantes como Inditex y Mango, se perfila como la heredera más probable. Desde 2017, asume la compleja tarea de la transformación digital de toda la cadena de supermercados. Su participación en la comisión de auditoría y en el consejo de administración es una muestra más de la gran confianza que le tiene su padre. La propia Juana reconoce que su célebre apellido le abrió muchas puertas, pero al mismo tiempo ha supuesto un gran desafío, obligándola a demostrar constantemente su valía.
Siguiendo la tradición familiar de discreción y bajo perfil, sus hermanas también están estrechamente vinculadas al negocio familiar. La mayor, Hortensia Roig, comentó en tono de broma que tiene tres hermanas más otra llamada Mercadona, lo que refleja la importancia que tiene la empresa en su familia. Ella ocupa la presidencia de la prestigiosa escuela para emprendedores EDEM y es miembro del consejo de administración de la corporación familiar. Su hermana gemela, Carolina, también economista de formación, ha optado por un perfil más analítico. Coordina el departamento de análisis de mercado y ejerce de secretaria en el consejo, desempeñando un papel clave aunque menos visible en la gestión.
La posición más independiente la ocupa Amparo Roig. Ella decidió dedicarse a la arquitectura y se convirtió en socia de la reconocida firma valenciana Erre. Sin embargo, incluso su trayectoria profesional se cruza con los intereses familiares. Uno de los proyectos emblemáticos de su estudio fue la rehabilitación del Palacio Valeriola, transformado en un nuevo museo de arte, creado por iniciativa de su madre. Así, cada una de las cuatro hijas, al elegir su propio camino, contribuye de una u otra forma a consolidar y desarrollar el legado construido por sus padres.












