
Los incendios forestales no solo tienen la capacidad de devastar vastas extensiones de tierra, sino que también pueden generar fenómenos meteorológicos únicos. En ciertos casos, la intensidad del fuego es tal que se forman nubes especiales, conocidas como tormentas pirocumulonimbus, que elevan el humo hasta 16 kilómetros de altura. Hasta hace poco, los científicos solo podían suponer cómo afectaba este humo al clima, ya que recolectar muestras a tal altitud era prácticamente imposible.
Sin embargo, en junio de 2022, un grupo de investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard logró llevar a cabo un experimento único. Utilizando un avión ER-2 de la NASA, penetraron en una nube de humo recién formada tras un gran incendio en Nuevo México. A una altitud de aproximadamente 14,5 kilómetros, los especialistas registraron partículas de aerosol inusualmente grandes, que antes no se consideraban en los cálculos climáticos.
Resultó que estas partículas tenían aproximadamente el doble del tamaño de las que normalmente se encuentran en las capas bajas de la atmósfera. Este efecto se debe a que el aire en las capas superiores se mezcla muy lentamente, lo que permite que las partículas de humo permanezcan unidas por más tiempo, choquen y se fusionen, formando estructuras más grandes. Este descubrimiento ha supuesto un avance importante en la comprensión de los procesos que ocurren en la atmósfera tras incendios de gran escala.
Un efecto inesperado
Durante el experimento, los científicos descubrieron que las partículas grandes de humo pueden aumentar de manera significativa la cantidad de radiación reflejada que regresa al espacio. Según sus cálculos, este indicador creció entre un 30 y 36% respecto a los aerosoles que permanecen a altitudes más bajas. Este efecto provoca un enfriamiento notable de la atmósfera, algo que anteriormente no se tenía en cuenta en la mayoría de los modelos climáticos.
Hasta ahora, se creía que el humo de los incendios forestales contribuía principalmente al calentamiento, ya que las partículas finas absorben la luz solar. Sin embargo, los nuevos datos muestran que a grandes altitudes la situación cambia: las partículas grandes reflejan más energía de la que absorben y, de este modo, enfrían la atmósfera. Este hallazgo podría modificar de manera significativa las previsiones sobre el cambio climático, especialmente en regiones donde los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos.
Impacto en la atmósfera
Además del efecto de enfriamiento, los científicos sugieren que esas partículas de mayor tamaño también podrían influir en la circulación del aire en la atmósfera. Según uno de los autores del estudio, John Dykema, el calentamiento local provocado por la acumulación de humo puede desplazar corrientes en chorro y modificar patrones climáticos. Sin embargo, comprender estos procesos con precisión requerirá aún más investigaciones.
Por ahora, los expertos evitan sacar conclusiones definitivas sobre cómo cambiará exactamente el clima bajo la influencia del humo elevado. Sin embargo, ya está claro que los modelos tradicionales requieren una revisión y que los nuevos datos pueden ser clave para lograr pronósticos más precisos sobre los cambios climáticos y meteorológicos.
El futuro de la investigación
El descubrimiento de grandes partículas de aerosol en las capas altas de la atmósfera abre nuevas perspectivas para la ciencia. Ahora, los investigadores deben determinar cuánto tiempo pueden permanecer estas partículas en altitud, cómo interactúan con otros componentes atmosféricos y hasta qué punto afectan los procesos climáticos globales.
En los próximos años, se prevé la realización de nuevos vuelos y experimentos para recopilar más datos sobre la composición y el comportamiento del humo de los incendios forestales. Estos estudios ayudarán no solo a comprender mejor las consecuencias de los desastres naturales, sino también a desarrollar medidas más eficaces para proteger el clima y prevenir fenómenos meteorológicos extremos.
Por si no lo sabía, la Harvard John A. Paulson School of Engineering and Applied Sciences es uno de los principales centros científicos del mundo, especializado en estudios de ecología, clima y nuevas tecnologías. En sus instalaciones se realizan regularmente experimentos únicos cuyos resultados transforman nuestra comprensión de los procesos que tienen lugar en el planeta. La participación en proyectos internacionales y la colaboración con la NASA permiten a sus investigadores acceder a las herramientas y tecnologías más avanzadas para el estudio de la atmósfera terrestre.











