
El verano de 2025 quedará grabado para siempre en la memoria de los estadounidenses como el periodo en que los patrones climáticos habituales fueron completamente trastocados. Los estados del centro y este se encontraron en el epicentro de intensas lluvias que literalmente inundaron ciudades y pueblos. En Texas, Kentucky y otras regiones, el temporal cobró cientos de vidas y los daños a la infraestructura y a la economía fueron enormes. Al mismo tiempo, y contra todos los pronósticos, ninguno de los poderosos huracanes llegó a la costa estadounidense: todos se dirigieron mar adentro al Atlántico.
¿Qué provocó un verano tan inusual y destructivo? La respuesta está en el comportamiento de la corriente en chorro polar, ese potente río de aire que normalmente se desplaza muy al norte durante el verano, dejando la mayor parte de Estados Unidos en relativa calma. En 2025, la corriente descendió inesperadamente mucho más al sur de lo habitual y perdió fuerza, lo que desató una cadena de consecuencias catastróficas.
La anomalía de la corriente en chorro
En años normales, la corriente en chorro se debilita en verano y se desplaza hacia Canadá, mientras que las lluvias en Estados Unidos son de carácter localizado. Sin embargo, en 2025 no solo no se movió hacia el norte, sino que se volvió mucho más sinuosa. En lugar de llevar rápidamente los ciclones hacia el este, los mantenía sobre las mismas zonas. Como resultado, las lluvias persistían durante horas o incluso días, provocando inundaciones repentinas.
La corriente debilitada comenzó a comportarse de forma impredecible: sus ondas se elevaban hacia el norte o descendían bruscamente al sur, permitiendo que el aire húmedo procedente del Golfo de México penetrara en el continente. La humedad atmosférica alcanzó niveles récord y cada nuevo ciclón traía más precipitaciones. En algunas zonas, en solo un día caía la cantidad de lluvia habitual de todo un mes.
Humedad y calor
La situación se agravó por las temperaturas del agua anómalamente altas en el Atlántico y el Golfo de México. Un mar cálido evapora más humedad, y el aire caliente es capaz de retenerla en mayor cantidad. En 2025, estos dos factores actuaron como catalizadores: enormes masas de vapor de agua pasaban a la atmósfera y rápidamente se convertían en lluvias torrenciales.
Oleadas constantes de aire húmedo alimentadas por el océano chocaban con ciclones que quedaban estancados sobre el continente. Como resultado, las precipitaciones caían repetidamente sobre las mismas áreas, cuando en condiciones normales se distribuirían en diferentes regiones. En algunas ciudades, el nivel del agua en las calles llegaba hasta la cintura y los habitantes tenían que refugiarse en los tejados.
Huracanes y sus trayectorias
Mientras los estados centrales estaban bajo el agua, los huracanes, que normalmente amenazan la costa, se comportaron de manera diferente en 2025. Los cinco potentes ciclones tropicales, incluidas tres tormentas de categoría 5, evitaron el territorio continental de Estados Unidos. La razón: la misma corriente en chorro, que junto con el debilitamiento del anticiclón sobre el Atlántico, literalmente desvió los huracanes hacia el océano.
De los 13 tormentas tropicales y huracanes, solo unos pocos se acercaron siquiera al Caribe. El resto se desvió hacia el noreste, sin causar daños ni en Florida ni en otros estados costeros. Para los meteorólogos, esto fue todo un enigma, y para los habitantes de la costa, un alivio inesperado en medio de la catástrofe que azotaba el interior del país.
Influencia del clima
El cambio climático afecta directamente a las corrientes en chorro. El Ártico se está calentando el doble de rápido que el resto del planeta, lo que reduce la diferencia de temperatura entre el ecuador y el polo. Esto debilita las corrientes en chorro, haciéndolas más sinuosas y propensas a quedarse estancadas sobre una misma zona. Precisamente este fue el caso en 2025: la corriente en chorro no solo perdió fuerza, sino que además quedó ‘atrapada’ sobre los mismos territorios.
Los científicos señalan que estos bloqueos ocurren ahora tres veces más a menudo que a mediados del siglo pasado. Esto implica que los fenómenos meteorológicos extremos —ya sean lluvias torrenciales, sequías u olas de calor— serán cada vez más frecuentes y destructivos. Agua y calor: esa es la nueva realidad para millones de estadounidenses.
¿Qué esperar ahora?
Mientras los científicos debaten los detalles, una cosa está clara: la corriente en chorro seguirá determinando el clima en los próximos años. En invierno suele intensificarse y desplazarse aún más al sur, trayendo tormentas de nieve, lluvias heladas y bruscas caídas de temperatura. Sin embargo, si la tendencia a debilitarse continúa, nos esperan catástrofes meteorológicas aún más impredecibles.
La pregunta no es si se repetirá un verano como este, sino cuándo volverá a ocurrir y qué tan graves serán sus consecuencias. ¿Están las ciudades y la infraestructura preparadas para afrontar estos nuevos desafíos? Aún no hay respuesta, pero está claro que el clima al que estábamos acostumbrados ya es cosa del pasado, y los nuevos riesgos climáticos exigen soluciones urgentes.
RUSSPAIN recuerda que la corriente en chorro (jet stream) es un potente flujo de aire a una altitud de 8 a 12 km que determina el desplazamiento de los sistemas meteorológicos en todo el mundo. Su comportamiento depende de la diferencia de temperatura entre el ecuador y el polo. En los últimos años, las corrientes en chorro se han vuelto cada vez más inestables, lo que provoca un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos en todos los continentes.












