
En el corazón de Cataluña, lejos de las rutas turísticas, se alza un edificio capaz de sorprender incluso a los amantes más exigentes de la arquitectura. Sus formas inusuales y sus vistosas cúpulas, que recuerdan a enormes huevos, se han convertido en un auténtico enigma para muchos habitantes y visitantes de Barcelona. Aunque exteriormente guarda cierto parecido con las obras de Gaudí, la autoría de este inmueble pertenece a otro arquitecto, igualmente talentoso, cuyo nombre durante mucho tiempo permaneció en la sombra.
Se trata de la famosa Torre de la Creu, conocida entre los locales como la “casa de los huevos”. Esta construcción, levantada a principios del siglo XX, sigue generando debates entre expertos y aficionados al modernismo. Muchos creen que un proyecto tan audaz solo pudo haber surgido en la mente de Gaudí; sin embargo, la historia del edificio demuestra lo contrario.
El enigma arquitectónico
Cinco volúmenes cilíndricos, dispuestos aparentemente al azar, coronados por coloridas cúpulas que parecen gigantescos huevos. Esta combinación de formas y colores no se encuentra en ningún otro lugar de Barcelona. La casa fue construida entre 1913 y 1916 como residencia veraniega para la familia del arquitecto. Pese a su singularidad, durante mucho tiempo pasó desapercibida incluso para los propios barceloneses.
El aspecto exterior de la Torre de la Creu realmente desconcierta: líneas orgánicas, asimetría, juegos de luz y sombra, todo ello recuerda al estilo de Gaudí. Sin embargo, detrás de este proyecto se encontraba su discípulo y colaborador, quien logró crear un lenguaje arquitectónico propio, tan expresivo como el de su célebre maestro.
Un maestro fuera del tiempo
El autor de la casa fue Josep Maria Jujol, una figura injustamente olvidada fuera del ámbito profesional. No solo colaboró con Gaudí en proyectos como la Sagrada Familia y el Parc Güell, sino que también desarrolló ideas propias, experimentando audazmente con formas y materiales. En el caso de la Torre de la Creu, logró materializar una fantasía arquitectónica libre de cualquier canon.
Jujol recibió total libertad creativa de su tía, para quien se construyó esta singular vivienda. Así nació un edificio en el que no hay ni un solo elemento estándar: la disposición, las escaleras, las ventanas e incluso las barandillas están diseñadas en un estilo orgánico y unificado. Tres cilindros principales conforman la zona habitable, mientras que dos más pequeños albergan las escaleras de caracol que conducen a los miradores.
Detalles vibrantes
La principal característica de la casa son sus cúpulas, que originalmente estaban cubiertas con mosaicos de vidrio y más tarde fueron revestidas de cerámica. Este elemento confiere al edificio una apariencia escultórica y refuerza la sensación de que ha surgido naturalmente del suelo. La paleta de colores y las líneas suaves hacen que la casa parezca una escenografía fantástica, aunque es una vivienda plenamente funcional.
Igualmente impresiona la forja artesanal: el trabajo manual de los artesanos resalta la personalidad de cada elemento. Jujol no solo seguía la moda del modernismo, iba más allá de su época creando una arquitectura donde las emociones y la naturaleza son la principal fuente de inspiración.
Fuera de las rutas turísticas
Hoy en día, la Torre de la Creu está reconocida como bien de interés cultural de importancia nacional, aunque sigue siendo poco conocida para el gran público. Quizá se deba a que la casa se encuentra fuera del centro de Barcelona, o tal vez es por su aspecto singular, que no encaja en la imagen habitual del modernismo catalán.
Quienes se animan a visitar Sant Joan Despí tienen la oportunidad de descubrir una arquitectura donde no hay lugar para los estándares. La casa forma parte de una ruta especial dedicada a la obra de Jujol y está abierta para visitas guiadas en grupos reducidos. La entrada requiere reserva previa, lo que añade un atractivo especial a este monumento poco conocido.
Josep Maria Jujol es uno de los representantes más destacados del modernismo catalán, cuyas obras durante mucho tiempo permanecieron en la sombra de colegas más reconocidos. Su visión arquitectónica se caracterizaba por la libertad, la audacia y el profundo respeto por la naturaleza. Jujol no temía experimentar, combinando técnicas tradicionales con soluciones innovadoras. Gracias a su creatividad, Barcelona y sus alrededores cuentan hoy con edificios únicos que despiertan el interés tanto de investigadores como de aficionados al arte. La Torre de la Creu es un claro ejemplo de cómo la individualidad y el talento pueden transformar el aspecto de toda una ciudad.












