
La autobiografía de Isabel Preysler, que llegó a las librerías a finales de octubre del año pasado, escaló de inmediato a lo más alto de las listas de bestsellers. Una potente campaña de promoción, cuyo punto álgido fue la participación de la socialité en el popular programa televisivo «El Hormiguero», generó un revuelo sin precedentes en torno al libro. Los lectores se sumergieron con avidez en confesiones sobre romances apasionados, reproches a Julio Iglesias como padre y, lo más jugoso, en la correspondencia privada con el escritor Mario Vargas Llosa. «Mi historia real» se convirtió en un fenómeno comercial, aunque su éxito se vio empañado por una oleada de indignación en los círculos de la aristocracia española.
Las primeras en atreverse a manifestar públicamente su descontento fueron dos destacadas representantes de la alta sociedad: Sillian Vilallonga y Olivia de Borbón. Su reacción puso de manifiesto que, tras la portada brillante y los titulares llamativos, se escondían historias que afectaban el honor y la dignidad de poderosas familias, transformando el acontecimiento literario en un auténtico escándalo social.
Silian Stella, marquesa de Castelbell y viuda del conocido aristócrata José Luis de Vilallonga, expresó su desprecio ante el hecho mismo de la publicación de detalles tan íntimos. Lo que más le indignó fue la difusión de las cartas personales de Mario Vargas Llosa. La marquesa considera que este acto es inadmisible y perjudica la reputación de un destacado escritor, a quien en el libro se presenta de manera poco favorecedora. Puso en duda tanto los principios éticos de la propia Preysler como el malsano interés del público por “los trapos sucios” de los demás.
Igualmente contundente fue la reacción de Olivia de Borbón, hija del duque de Sevilla. Su enfado se debió a la forma en que Isabel Preysler retrató a su difunta madre, Beatriz von Hardenberg, fallecida en 2020. En las memorias se revive un antiguo y nunca confirmado rumor de que supuestamente fue Beatriz quien difundió el chisme sobre un romance entre Preysler y Carlos Falcó durante el matrimonio de esta última con Julio Iglesias. Olivia consideró esto un golpe bajo a la memoria de su madre y un intento de manchar su nombre para aumentar las ventas del libro.
Al coro de descontentos se sumó también la familia del propio Mario Vargas Llosa. Los familiares del escritor quedaron sorprendidos por la publicación de su correspondencia estrictamente personal sin ningún tipo de consentimiento. Actualmente, sus abogados estudian la posibilidad de presentar una demanda por invasión de la vida privada, lo que podría acarrear serias consecuencias legales tanto para el autor como para la editorial. Así, el éxito comercial de las memorias se ve amenazado por el escándalo, que sigue creciendo.












