
A pocos minutos en coche de la capital de la provincia homónima se extiende un paraje que parece salido directamente de una película del oeste. Paredes escarlatas y verticales, formas caprichosas del terreno y una tierra calcinada por el sol transportan la imaginación a los escenarios clásicos del cine de Hollywood. No es de extrañar que este rincón se haya convertido en una auténtica meca para fotógrafos y amantes de los paseos inusuales.
Se trata de la Rambla de Barrachina, una garganta situada junto al pequeño pueblo de Villaspesa. Aquí hay una senda circular para recorrer a pie, que permite disfrutar plenamente de las vistas que muchos llaman el “Cañón Rojo” de la región. Esta ruta combina aventura y contemplación.
Este gigantesco barranco es el resultado de miles de años de trabajo del agua y el viento. Los elementos han tallado en la roca blanda paredes verticales y montículos de tonos naranjas, creando un paisaje sorprendentemente similar a los del Nuevo Mundo. Su emplazamiento, entre Villaspesa y Villastar, lo hace fácilmente accesible, pero no por ello menos impresionante, ya que pocos esperan encontrar algo así tan cerca de la ciudad.
Es un auténtico regalo para quienes buscan paisajes atípicos en esta parte del reino. La garganta no solo ofrece un entorno árido y singular, sino también la posibilidad de observar buitres que sobrevuelan sus laderas, lo que añade atractivo a la visita. Eso sí, no es apta para la escalada o el barranquismo.
Una de las mejores maneras de descubrir esta maravilla es recorrerla a pie. La ruta circular de doce kilómetros comienza en la carretera N-330, donde hay un área de estacionamiento habilitada. Desde allí, un sendero lleva hasta el cauce seco del río y asciende gradualmente hasta el punto más alto del recorrido: la meseta de la Muela.
La excursión no presenta una dificultad especial, pero el terreno pedregoso y arenoso exige un calzado deportivo adecuado. Como a lo largo de la ruta no hay sombra ni fuentes de agua, es fundamental planificar la caminata teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas. En los meses de verano se recomienda evitar las horas de más calor y llevar siempre suficiente agua y comida. Además, el viento fuerte y frecuente obliga a extremar la precaución en las zonas de acantilado, especialmente si se viaja con niños.
Además del propio cañón, los alrededores de Villaspesa ofrecen otros puntos de interés. En el pequeño pueblo destaca la iglesia del Salvador, un templo modernista construido en 1912, considerado único en la provincia. Sus tranquilas calles con edificaciones tradicionales son perfectas para un paseo relajado tras una jornada activa.
Y si apetece prolongar la visita, a solo diez minutos se encuentra el propio centro administrativo. Allí esperan el patrimonio mudéjar, declarado Patrimonio de la Humanidad, el Mausoleo de los Amantes y el parque paleontológico Dinópolis, lo que convierte la excursión en una experiencia completa al combinar cultura, historia y ocio activo en un solo viaje.












