
La noche del pasado sábado, 4 de octubre, fue escenario de uno de los eventos televisivos más esperados del otoño de 2025 en el canal Telecinco. Irene Rosales regresó a la exitosa emisión “Bailando con las estrellas”. Esta fue su primera aparición pública tras su sonada ruptura con Kiko Rivera, que tuvo lugar el verano pasado y puso fin a más de una década de relación. La modelo sevillana e influencer se subió a la pista como invitada especial, acaparando toda la atención.
Antes de su actuación, Irene compartió con el presentador Jesús Vázquez que su objetivo en el programa era disfrutar y desconectar. Explicó que nunca antes había bailado, pero que llegó un momento en su vida en el que necesitaba probar cosas nuevas, experimentar emociones frescas y aceptar nuevos retos. Según sus propias palabras, esta era una excelente forma de dejar atrás los problemas acumulados y simplemente aprovechar el momento mientras abre una nueva etapa en su vida.
Para su debut como “bailarina por una noche”, Rosales eligió un enérgico cha-cha-chá al ritmo de la canción de Marta Sánchez “Soy yo”. La elección del tema no pasó desapercibida. El miembro del jurado Pelayo Díaz señaló acertadamente que no era solo una canción, sino toda una “declaración de intenciones”. De hecho, con su actuación, Irene parecía afirmar su independencia y fortaleza. Su baile sorprendió tanto al público como al jurado, quienes se mostraron tan impresionados que sugirieron a la modelo considerar participar como concursante en la próxima temporada del programa.
Tras el baile, después de recibir las felicitaciones del jurado, una Irene radiante confesó que en el escenario disfrutó mucho más del proceso que durante los ensayos. Sintió que todo ya estaba decidido y simplemente se dejó llevar por el movimiento. A sus 34 años está lista para afirmar: «Aquí estoy y voy a vivir mi vida al máximo». Esta salida a la pista simbolizó para ella el inicio de una nueva etapa, que afronta con optimismo y disposición al cambio.
Sin embargo, la velada estuvo llena no solo de sorpresas de baile. En el estudio tuvo lugar otro encuentro intrigante. Irene Rosales coincidió con Anabel Pantoja, prima de su exmarido. Desde hace tiempo, periodistas y público especulaban sobre una posible tensión entre ellas tras la ruptura de Irene con Kiko. Sin embargo, ambas aprovecharon la oportunidad para desmentir todos los rumores.
Demostraron una relación cálida y amistosa, compartiendo muchas risas durante los ensayos y entre bastidores. Irene comentó que se ven de vez en cuando, aunque no tanto como les gustaría, ya que Anabel vive en Canarias y ella en Sevilla. Los espectadores no pudieron evitar notar la simpatía sincera que había entre ellas, aunque, por supuesto, no entraron en detalles personales sobre la situación familiar. Este episodio evidenció que ambas han sabido mantener el respeto mutuo, dejando los conflictos en el pasado.












