
La situación que rodea al Real Zaragoza en 2026 se ha convertido en una verdadera prueba para toda la región. El club, otrora orgullo de Aragón, se encuentra ahora en el epicentro de una profunda crisis que amenaza con la pérdida de inversiones y el deterioro aún mayor de la imagen del equipo. El problema va más allá de los resultados deportivos: está en juego el destino de decenas de miles de aficionados, así como la reputación de importantes inversores como Pablo Jiménez de Parga y Josep Oughourlian.
A comienzos de la semana, la directiva del club anunció el despido inmediato del entrenador Rubén Sellés y del director deportivo Txema Indias. Lalo Arantegui y David Navarro asumieron temporalmente sus cargos, pero estos cambios no lograron tranquilizar ni a los aficionados ni a los analistas. En cuatro años, el equipo no ha conseguido salir de una crisis prolongada, y los 13 años en Segunda División se han convertido en símbolo de estancamiento. Esta temporada, el Real Zaragoza ocupa el último puesto de la tabla, con solo cinco victorias y catorce derrotas, una señal de alarma para todos los vinculados al club.
El papel de los inversores
El punto central son las inversiones que superan los 20 millones de euros, aportadas por miembros de Grupo Prisa y allegados a Gil Marín. Pablo Jiménez de Parga, con vínculos con el Atlético de Madrid, y Josep Oughourlian controlan el club a través de Global Tavira SL. Esta entidad posee el 88% de las acciones, mientras que el 12% restante está en manos de Oughourlian. Tal concentración de poder genera inquietud entre los aficionados y expertos, ya que muchas decisiones parecen tomarse en beneficio de los inversores y no del propio club.
La conexión con el Atlético de Madrid se refleja no solo en la gestión, sino también en la política de personal. En el Real Zaragoza suelen incorporarse entrenadores y jugadores que previamente han formado parte del club madrileño. Esto genera inquietud acerca de un posible conflicto con la Ley del Deporte, que prohíbe a una misma persona ocupar cargos clave en dos clubes de la misma liga. Aunque Real Zaragoza y Atlético de Madrid compiten en divisiones diferentes, la incertidumbre legal persiste y los aficionados temen que los intereses de su equipo puedan sacrificarse en favor de grandes grupos financieros.
Riesgos económicos
Paralelamente, el Atlético de Madrid vive su propia transformación: el fondo estadounidense Apollo Global Management adquirió el 55% de las acciones del club, reduciendo la participación de Gil Marín al 10%. Este hecho ha incrementado la preocupación entre los seguidores del Zaragoza, ya que ahora su club depende aún más de las decisiones tomadas en Madrid. Al mismo tiempo, el Real Zaragoza logró reducir su deuda de 145 a 45 millones de euros, pero incluso esa cifra puede volverse insostenible si el equipo desciende a Primera RFEF, donde los ingresos son considerablemente menores.
En 2023, Jorge Mas, propietario del Inter de Miami, asumió la presidencia del club, lo que generó una ola de optimismo. Sin embargo, según El Periódico de Aragón, el control efectivo siguió en manos de Global Tavira SL. Los ambiciosos proyectos de construcción de un nuevo estadio y modernización de la infraestructura no han logrado cambiar la situación deportiva. Cada vez más aficionados expresan su descontento, considerando que el club está perdiendo su identidad y convirtiéndose en una filial de la estructura madrileña.
Tensión social
Dentro de la ciudad crece el descontento: los aficionados exigen transparencia y que el club recupere su autonomía. Los constantes cambios en la directiva, la falta de una estrategia a largo plazo y la dependencia de inversores externos minan la confianza en la gestión. Incluso la construcción del nuevo estadio, que debía ser un símbolo de renovación, se percibe como un intento de desviar la atención de los problemas reales.
En un contexto donde la deuda sigue siendo considerable y los resultados deportivos empeoran, el Real Zaragoza corre el riesgo de perder no solo su lugar en la Segunda División, sino también el apoyo de sus seguidores más fieles. Según russpain.com, muchos expertos opinan que, sin cambios radicales en la gestión y la estrategia, el club se enfrenta a una caída aún mayor.
La historia del Real Zaragoza es un recordatorio de lo rápido que se pueden perder posiciones incluso con grandes inversiones. En 2013, el equipo descendió de Primera por primera vez en mucho tiempo y, desde entonces, no ha logrado recuperar su nivel anterior. Una situación similar sucedió recientemente con el Deportivo La Coruña, que tras bajar a la división inferior se enfrentó a dificultades financieras y de gestión. Ambos casos evidencian que, sin una estrategia clara y el apoyo de la afición, incluso los clubes más conocidos pueden quedar al borde de la desaparición.











