
El final del rally más extremo del planeta volvió a encender el debate. El Dakar 2026 llegó a su fin, dejando tras de sí no solo polvo y cansancio, sino también muchas preguntas sobre la justicia de los premios. Este año, la lucha por el liderato fue intensa, pero las cifras que recibieron los mejores pilotos sorprendieron a muchos. Las expectativas de los aficionados y de los propios participantes estuvieron lejos de cumplirse: los premios para los ganadores resultaron mucho más modestos de lo que cabría esperar, considerando la magnitud y el peligro de esta carrera.
En el centro de la atención están nombres que hace tiempo se convirtieron en leyendas del automovilismo. El catarí Nasser Al-Attiyah volvió a demostrar que su experiencia y sangre fría no tienen rival, conquistando su sexto título en la categoría de coches. El español Nani Roma y el sueco Mattias Ekström completaron el podio, pero ni siquiera sus logros eclipsaron la gran incógnita: ¿por qué los premios en una carrera tan prestigiosa son tan bajos?
El dinero en la meta
En la categoría de coches, el ganador recibió apenas 5.000 euros. Para Al-Attiyah, es el sexto cheque de este tipo, pero la cifra, siendo sinceros, no impresiona. El segundo puesto le valió a Nani Roma 3.000 euros y Ekström se conformó con 2.000. Incluso el exclusivo trofeo Touareg otorgado al líder no compensa la modestia de los premios en efectivo. A modo de comparación, en otras disciplinas del automovilismo mundial, los premios suelen ser varias veces superiores.
Resulta aún más sorprendente que en la categoría T1.2 (Ultimate con tracción en dos ruedas) las sumas sean todavía menores: 3.000 euros para el primer lugar, 2.000 para el segundo y 1.000 para el tercero. Por supuesto, los pilotos reciben bonificaciones según sus contratos con los equipos, pero los premios oficiales de los organizadores parecen casi simbólicos. Muchos participantes admiten: arriesgar la salud y la maquinaria por este dinero no resulta muy atractivo.
Motos: reglas diferentes
La situación fue completamente distinta entre los motociclistas. Aquí la competencia se mantuvo vibrante hasta los últimos metros y la diferencia final entre el primero y el segundo puesto fue de apenas dos segundos. El argentino Luciano Benavides se impuso sobre el estadounidense Ricky Brabec, mientras que el tercer lugar fue para Tosha Schareina. A diferencia de los automovilistas, los motociclistas recibieron premios mucho más generosos.
El ganador en dos ruedas regresó a casa con 50.000 euros, diez veces más que el principal triunfador en la categoría de autos. El segundo lugar obtuvo 25.000 euros y el tercero, 15.000. Incluso el cuarto y el quinto clasificado fueron recompensados con 10.000 y 5.000 euros respectivamente. Además, los premios se distribuyeron no solo en la clasificación general, sino también en subcategorías como Rally2, femenina, junior, debutantes y la clase original Motul.
El precio del riesgo
A pesar de las impresionantes sumas en la categoría de motos, la mayoría de los participantes coinciden: los premios no cubren ni siquiera los gastos de preparación y participación. El costo del equipamiento, la maquinaria, la logística y las inscripciones es exorbitante, mientras que el riesgo para la vida y la salud sigue siendo enorme. Muchos pilotos reconocen que van al Dakar no por dinero, sino por la gloria, la adrenalina y la oportunidad de escribir su nombre en la historia.
Sin embargo, es precisamente este desequilibrio entre gastos y premios lo que lleva a algunos deportistas a desistir de participar. Para muchos equipos y privados, competir en el Dakar es más una inversión en imagen y contratos de patrocinio que una forma real de ganar dinero. Por su parte, los organizadores mantienen el listón de la carrera más difícil del mundo y no tienen prisa en aumentar el fondo de premios, a pesar del incremento de los costes para los participantes.
La paradoja del Dakar
El Dakar hace tiempo que se convirtió en símbolo de coraje y resistencia, pero el aspecto financiero de la carrera genera cada vez más interrogantes. ¿Por qué en la carrera más peligrosa y prestigiosa del planeta los premios se mantienen al nivel de competiciones regionales? Esta paradoja inquieta tanto a los aficionados como a los propios pilotos. Cada año el debate cobra nueva fuerza, pero los organizadores siguen sin ceder.
Quizás, justamente por esto el Dakar conserva su esencia: aquí no se viene por dinero, sino por el desafío. Pero mientras las sumas de los premios sigan como están, muchos se preguntarán si realmente vale la pena.
RUSSPAIN recuerda que Nasser Al-Attiyah es uno de los pilotos más laureados en la historia de los rallys, múltiple ganador del Dakar y medallista olímpico en tiro. Luciano Benavides es un motociclista argentino reconocido por sus actuaciones en los rallys mundiales. Nani Roma es un deportista español y el único que ha conquistado el Dakar tanto en moto como en coche. Estos nombres se han convertido desde hace tiempo en sinónimo de valentía y perseverancia deportiva.












