
En las afueras de Barcelona, donde el bullicio de la gran ciudad da paso al silencio de los suburbios, se alza una extraña fortaleza imposible de confundir con cualquier otro edificio de Cataluña. No es un museo ni un monumento histórico, sino una obsesión personal hecha piedra. El castillo de Les Fonts, conocido también como Castell dels Records, se ha convertido hoy en lugar de peregrinación para amantes de lo insólito y coleccionistas, y su historia está llena de giros inesperados.
A primera vista parece una fortaleza medieval, pero basta cruzar el umbral para que la realidad se entremezcle con la fantasía. Torres, arcos góticos, escaleras caprichosas que no llevan a ninguna parte y salas donde cada rincón guarda objetos antiguos reunidos durante décadas. No hay dos ventanas iguales y las paredes parecen encerrar secretos del pasado. Todo es fruto de la pasión inquebrantable de un solo hombre, que no conocía límites en su búsqueda de la originalidad.
Construcción sin reglas
La historia del castillo comenzó a finales de los años sesenta del siglo pasado. Por aquel entonces, un comerciante de vinos llamado Jacinto García Mas, apodado “Sinto”, decidió transformar una simple casa en algo grandioso. Sin formación en arquitectura ni un plan concreto, empezó a levantar muros, torres y pasadizos siguiendo solo su imaginación. Le ayudaban albañiles locales, que trabajaban por las tardes y los fines de semana, y el proceso recordaba más a un caos creativo que a una obra convencional.
Como resultado, surgió un laberinto de habitaciones, pasillos y escaleras, donde solo un dormitorio es habitable y el resto de los espacios funcionan como salas de exposición de antigüedades. En el interior se pueden encontrar esculturas barrocas, vitrinas que pertenecieron a los condes de Urgell e incluso objetos atribuidos al propio Gaudí. Algunos afirman que aquí se guardan estatuas que una vez adornaron la famosa La Pedrera.
Apertura al público
Tras la muerte de Jacinto, su viuda, Natividad, decidió no mantener el castillo en aislamiento. Desde hace algún tiempo, las puertas de la fortaleza están abiertas a todos los visitantes los fines de semana, de nueve de la mañana a dos de la tarde. Los visitantes no solo pueden recorrer sus surrealistas salones, sino también adquirir piezas que les llamen la atención de la colección. Muchos de los objetos expuestos están a la venta —desde relojes antiguos hasta esculturas únicas— y cada uno de ellos guarda su propia historia.
El interés por el castillo se disparó: antes solo podía observarse desde el exterior, pero ahora cualquiera puede sumergirse en una atmósfera de romanticismo excéntrico y caos arquitectónico. Su interior desprende una energía especial —una mezcla de antigua opulencia, abandono y locura creativa. Es un lugar donde pasado y presente se encuentran en cada rincón.
Escándalos y sospechas
Sin embargo, no toda la historia del castillo está teñida de tonos rosas. En 1983, Jacinto García se vio envuelto en un gran escándalo: fue arrestado bajo sospecha de almacenar obras de arte robadas. En una de las fincas abandonadas cercanas se hallaron objetos valiosos que, como se descubrió, formaban parte de su colección. El propietario aseguraba que los había adquirido legalmente, sin conocer su procedencia, y que había pagado una suma considerable por ellos.
Tras pasar seis días en prisión y pagar la fianza, fue puesto en libertad. Parte de las antigüedades se devolvieron a sus antiguos dueños, pero algunas piezas quedaron en manos de García como compensación. Este episodio solo avivó el interés por la figura del creador del castillo y su singular colección. Rumores y especulaciones sobre el origen de algunas piezas todavía circulan entre los vecinos y coleccionistas locales.
Sumérgete en la atmósfera
Hoy, una visita al castillo Les Fonts no es solo una excursión, sino toda una aventura. Se puede llegar en coche en media hora por la carretera C-58 o en cuarenta minutos en tren desde el centro de Barcelona. Ya desde la carretera se divisan las torres, que nunca llegaron a completarse, y en la entrada recibe a los visitantes la propia dueña, dispuesta a contar la historia de cada objeto y su destino.
Dentro reina una atmósfera de teatro del absurdo: las escaleras terminan en el vacío, las salas están llenas de objetos de distintas épocas y las paredes lucen elementos góticos junto a detalles modernistas. Aquí es fácil perder la noción del tiempo y el espacio; cada paso revela un nuevo enigma. Para muchos visitantes, este lugar se convierte en un verdadero descubrimiento, donde no solo se puede ver, sino también tocar la historia.
Personalidad y legado
Jacinto García Mas, el hombre que estuvo en el origen de la creación del castillo Les Fonts, fue una figura controvertida y llamativa. Su pasión por la antigüedad y el deseo de dejar un legado único hicieron que su nombre se conociera mucho más allá de Cataluña. A pesar de los escándalos y sospechas, logró crear un espacio que sigue sorprendiendo e inspirando a nuevos visitantes. Hoy, su castillo no solo es un monumento a la excentricidad, sino también una historia viva en la que cada persona puede encontrar algo propio.












