
El declive del Imperio español fue un proceso prolongado marcado por numerosos acontecimientos. Sin embargo, un episodio asestó un golpe especialmente devastador a las finanzas de la Corona y sacudió su autoridad: la captura, por parte de la flota holandesa, de un solo convoy español cargado de metales preciosos. Este hecho dejó al descubierto graves fisuras en el sistema defensivo de la monarquía española.
En el siglo XVII, la economía del Imperio español, bajo el mando del rey Felipe IV, dependía críticamente del llamado «sistema de flotas y galeones» (sistema de flotas y galeones). Este sistema garantizaba el transporte de oro, plata y otros recursos valiosos desde las colonias americanas hasta la península ibérica. Para proteger los barcos cargados de tesoros de piratas y corsarios, los españoles organizaban convoyes escoltados por buques de guerra. Sin embargo, para 1628, España estaba envuelta en varios conflictos militares en diferentes frentes y su poder militar ya no era el de décadas anteriores. La economía comenzó a tambalearse, lo que fue aprovechado por los Países Bajos, que luchaban por su independencia y buscaban cortar las rutas comerciales de su adversario.
En un momento en que la flota española estaba dispersa, entró en escena Piet Hein, un experimentado navegante y estratega neerlandés. Con experiencia adquirida en el Atlántico durante su servicio en la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales (Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales), recibió autorización de su gobierno para organizar un ataque contra la “flota de plata” española. Hein actuaba no solo por beneficio personal o fama; representaba los intereses del joven poder marítimo, la República de los Países Bajos, que buscaba poner fin a la hegemonía marítima de los Habsburgo.
En el verano de 1628, Piet Hein, al mando de una escuadra bien armada, partió a la caza de los galeones españoles procedentes del Caribe. Gracias a labores de inteligencia y espionaje, los neerlandeses obtuvieron información valiosa sobre la ruta y el horario del convoy. La emboscada fue preparada en la Bahía de Matanzas, en la costa norte de Cuba. La flota de Hein logró acorralar al convoy español en una trampa. A bordo de los galeones y barcos mercantes había enormes cantidades de plata, oro y otras mercancías valoradas en millones de ducados. Sorpresos y superados por los neerlandeses en maniobras tácticas, los capitanes españoles se encontraron en una situación insostenible. A pesar de la resistencia, la flotilla española fue derrotada y los neerlandeses capturaron casi toda la carga. La batalla terminó con una victoria total para Hein, que obtuvo un botín colosal casi sin sufrir bajas.
Este golpe fue una catástrofe para el tesoro español, que contaba con estos fondos para cubrir sus deudas y financiar sus necesidades militares, diplomáticas y administrativas. Las consecuencias no tardaron en aparecer: el rey Felipe IV se vio obligado a anunciar una suspensión temporal de pagos para renegociar las condiciones de la deuda con los bancos. Esto minó gravemente la confianza internacional en la solvencia de España. Al mismo tiempo, los tesoros capturados reforzaron considerablemente el poder militar de la República de los Países Bajos.
La falta de recursos privó a España de la capacidad de mantener de manera eficaz su hegemonía en el Atlántico y el norte de Europa. Otras potencias marítimas, principalmente Inglaterra y Francia, aprovecharon la oportunidad y empezaron a disputar activamente el monopolio español sobre el comercio con América. Según muchos historiadores, la batalla en la bahía de Matanzas marcó un punto de inflexión en la historia del Imperio español, al mostrar al mundo la vulnerabilidad de una monarquía que durante décadas parecía invencible.












