
En pleno corazón de Salamea de la Serena se alza una estructura que no solo embellece la plaza del pueblo, sino que literalmente transforma la perspectiva sobre el pasado de toda España. Este monumento romano, único en su tipo en toda la península ibérica, se ha convertido en símbolo tanto del ingenio arquitectónico como de un destino enigmático, lleno de sorprendentes transformaciones. Su aparición en el entorno urbano representó un auténtico reto para investigadores y turistas, ya que tras sus líneas sobrias se esconde una historia digna de una novela.
La altura de este monumento impresiona: más de 23 metros de granito perfectamente alineados, desafiando al tiempo. El Dístilo, como lo llaman los lugareños, fue erigido en honor al emperador Trajano, en la época en que la ciudad se llamaba Iulipa. Sin embargo, el destino tenía otros planes: durante siglos el monumento permaneció oculto, integrado en el campanario de una iglesia, hasta que en el siglo XX fue rescatado y vuelto a la vida. Los arquitectos que participaron en su restauración recuperaron cada fragmento, liberándolo de añadidos posteriores y devolviéndole su fuerza original.
El simbolismo de esta construcción va mucho más allá de un simple monumento. Su composición arquitectónica — dos esbeltas columnas rematadas con capiteles corintios, apoyadas sobre un macizo podio — no tiene análogos en España. Toda la estructura descansa sobre una roca, lo que le otorga una estabilidad y monumentalidad peculiares. La inscripción conservada en el entablamento aún genera debate entre los especialistas: ¿a quién estuvo dedicado realmente este monumento y qué papel desempeñó en la vida de la antigua ciudad?
Historia oculta
Durante mucho tiempo, el Distilo formó parte de la arquitectura eclesiástica y solo en la década de 1960 comenzó una restauración a gran escala. Los trabajos estuvieron dirigidos por arquitectos reconocidos, quienes decidieron devolverle su independencia eliminando todas las construcciones añadidas posteriormente. Esta decisión provocó intensos debates entre los habitantes locales: para algunos, el monumento debía seguir siendo parte de la iglesia; otros defendían su valor histórico como un objeto independiente. Finalmente prevaleció la ciencia, y hoy el Distilo puede admirarse de nuevo en todo su antiguo esplendor.
El destino inusual de este monumento recuerda cuán a menudo la historia se entrelaza con el presente. En España hay muchos lugares donde el pasado cobra vida ante nuestros ojos, y cada uno de estos sitios se convierte en un motivo para nuevos descubrimientos. Por ejemplo, en Andalucía existe un castillo donde dramas reales inspiraron a escritores para crear obras inmortales — las leyendas de pasión y traición en los antiguos muros de Archonía siguen cautivando la imaginación de los viajeros hasta hoy.
El enigma arquitectónico
Distilo no solo impresiona por su tamaño, sino que también sorprende por sus soluciones técnicas. Las columnas, de más de diez metros de altura, están talladas en bloques macizos de granito, lo que es una rareza para la arquitectura romana en la península ibérica. Los capiteles lucen delicadas tallas, y el sobrio entablamento conserva vestigios de una antigua inscripción que aún hoy intentan descifrar. Todo esto convierte el monumento en un foco de atención tanto para historiadores como para amantes de la arquitectura.
En 1931, el monumento recibió la categoría de bien nacional, lo que permitió iniciar su estudio y restauración de manera sistemática. Desde entonces, forma parte imprescindible del patrimonio cultural de la región y su imagen aparece a menudo en materiales turísticos sobre Badajoz y toda Extremadura. Cada año, miles de personas llegan hasta aquí para contemplar un monumento único, testigo de siglos y aún envuelto en misterio.
Patrimonio y actualidad
Hoy, el Distilo es mucho más que un lugar histórico: es símbolo del renovado interés por el pasado romano de España. Su trayectoria demuestra cómo los monumentos antiguos pueden convertirse en puntos de encuentro para nuevas generaciones, inspirando la investigación y la protección del legado cultural. Alrededor del monumento se organizan visitas guiadas con frecuencia, y los habitantes locales se enorgullecen de que su ciudad conserve un patrimonio romano tan singular.
En los últimos años, el interés por el Distilo no ha dejado de crecer. Los arqueólogos continúan sus investigaciones y cada vez más turistas incluyen Salamea de la Serena en sus rutas. El monumento se ha convertido en parte integral de la vida urbana y su historia es motivo de orgullo e inspiración.
El Distilo de Salamea no es solo una obra arquitectónica, sino un verdadero símbolo de la época en que España formaba parte del gran Imperio Romano. Su singularidad reside no solo en sus dimensiones y ejecución técnica, sino también en su asombroso destino: desde monumento funerario monumental, pasando a ser parte de la torre de una iglesia y, finalmente, adquiriendo el estatus de monumento independiente. Hoy, nos recuerda la importancia de mantener el vínculo con el pasado y valorar el legado que nos ha sido transmitido a través de los siglos.












