
En la costa de Castellón, entre plantaciones de naranjos y a un paso del mar Mediterráneo, se esconde un pequeño pueblo distinto a cualquier otro de la región. Mascarell no es simplemente una aldea, sino un auténtico museo al aire libre, donde cada metro de sus calles evoca épocas ya desaparecidas. Aquí no hay bullicio de grandes ciudades y, en vez de las habituales rutas turísticas, reina el silencio, muros antiguos y la sensación de que el tiempo se ha detenido para siempre.
A diferencia de la mayoría de los núcleos urbanos de Valencia, Mascarell ha conservado intacta su estructura medieval. Su principal particularidad son las murallas defensivas completamente preservadas, que rodean el pueblo en todo su perímetro. Es el único caso similar en toda la autonomía y uno de los dos en toda España. Dentro de las murallas la vida transcurre con calma, y cada casa, cada callejuela parece respirar historia.
Fortaleza medieval
Mascarell fue fundado a comienzos del siglo XIV y desde entonces ha mantenido su aspecto único. Las murallas defensivas, levantadas en 1553, forman un cuadrado casi perfecto de unos 650 metros de longitud. La altura de los muros alcanza los siete metros y en el centro de cada lado se alza una torre cuadrada. Se puede acceder al pueblo por dos antiguos arcos: el Portal de l’Horta y el Portal de Valencia, siendo este último aún hoy la entrada principal.
En otro tiempo, alrededor de las murallas había un foso profundo que protegía a los habitantes de los enemigos. Ahora, en su lugar, hay un canal de riego que abastece los huertos y campos locales. Este canal no solo es un recordatorio del pasado militar, sino también una parte esencial de la vida actual del pueblo, donde la agricultura sigue teniendo un papel fundamental.
Una atmósfera fuera del tiempo
Dentro de la fortaleza se respira una atmósfera especial. Apenas residen aquí unas doscientas personas, y cada una de ellas siente orgullo por su ciudad. Calles angostas empedradas conducen a los principales atractivos: la iglesia de San Agustín con sus elegantes frescos barrocos, el antiguo ayuntamiento y cuatro pequeñas capillas incrustadas directamente en las murallas. Todo esto crea la sensación de estar en un escenario de película histórica, solo que aquí todo es auténtico.
Mascarell ha atravesado numerosas épocas de abandono. Tras la expulsión de los musulmanes de la vecina Burriana en el siglo XIV, la aldea quedó casi desierta y solo volvió a cobrar vida en el siglo XVIII. Hoy, la gente viene no solo por su arquitectura, sino también por sus eventos singulares. El más famoso es la feria medieval anual que se celebra en noviembre y transforma el pueblo con música, artesanos y artistas callejeros.
Vecindad con un faro único
A tan solo un kilómetro de Mascarell se encuentra Nules, una ciudad que también presume de un monumento singular. Aquí se alza el único faro cuadrado del mundo, construido en forma de campanario. Esta rareza arquitectónica se ha convertido en un auténtico símbolo de la zona y en otro motivo para que los viajeros se acerquen a este rincón de Castellón.
El faro no solo cumple su función original, sino que además resalta la singularidad de la región. Junto a Mascarell, forman un tándem único donde el pasado y el presente se entrelazan de las maneras más inesperadas. Los turistas que llegan hasta aquí a menudo se sorprenden con la armonía entre los muros medievales y los paisajes rurales actuales.
Historia viva
Cada año, miles de personas visitan Mascarell para recorrer sus antiguas murallas, adentrarse en casas centenarias y sentir el pulso de la historia. Aquí no encontrarás las habituales multitudes de los centros turísticos, pero sí la oportunidad de sumergirte de verdad en la atmósfera del pasado. Los habitantes del lugar relatan con entusiasmo sus tradiciones, muestran sus jardines e incluso sellan los pasaportes de los viajeros, para que no olviden su paso por este encantador pueblo.
Mascarell no es solo un monumento arquitectónico, sino una prueba viva de que incluso en el siglo XXI aún existen rincones donde la historia no solo se conserva, sino que sigue su curso. Aquí, cada piedra, cada puerta y hasta el silencio de las calles recuerdan que el tiempo es un concepto relativo y, a veces, puede ralentizarse hasta convertirse en el susurro apenas perceptible de pasos sobre los adoquines.
Mascarell es una aldea única en la provincia de Castellón, completamente rodeada por murallas medievales. Su historia comienza en el siglo XIV, y su aspecto actual se consolidó tras una restauración en el siglo XVIII. Sus principales atractivos son las murallas defensivas, la iglesia de San Agustín y singulares torres cuadradas. En la vecina Nules se encuentra el único faro cuadrado del mundo, convertido en símbolo de la región. Mascarell atrae cada año a miles de turistas, especialmente durante la feria medieval, y está considerada uno de los lugares más auténticos del este de España.










