
En el noroeste de la península ibérica, donde los duros vientos atlánticos acarician la tierra, se extiende una región de paisaje singular. Entre valles verdes y fiordos envueltos en niebla se alza un coloso de granito que durante siglos ha alimentado la imaginación de los habitantes locales y atrae a quienes buscan lo desconocido. Esta formación montañosa, que alcanza los 627 metros de altura, se encuentra en la provincia de A Coruña, cerca del municipio de Carnota, y actúa como el silencioso guardián de la costa.
Para los pueblos prerromanos que habitaban estas tierras, tenía un significado sagrado. Las antiguas tribus creían que aquí residían sus dioses y realizaban rituales en las laderas dedicados al sol y a las fuerzas de la naturaleza. No es de extrañar que este lugar reciba un apodo que remite a la morada de divinidades; aún hoy sigue siendo conocido como la cumbre sagrada de los pueblos antiguos de esta parte de Europa. El magnetismo de esta cordillera se percibe todavía, atrayendo a quienes buscan una conexión con el mundo primordial y desean tocar la huella de los tiempos antiguos.
El lugar posee una atmósfera especial gracias a las innumerables esculturas de granito moldeadas durante milenios por el viento y el agua. La erosión ha transformado los bloques monolíticos en formas caprichosas, donde se adivinan siluetas de personas, animales y seres mitológicos. Cada una de estas creaciones tiene su propio nombre y leyenda, transmitidos de generación en generación. Estos relatos populares llenan el ambiente de misterio, convirtiendo un simple paseo por las laderas en una inmersión en el mundo de las antiguas creencias.
La ruta más popular conduce al punto principal de la sierra, conocido como A-Moa. La subida no es solo una prueba física, sino un verdadero viaje en el tiempo. El sendero serpentea entre terrazas agrícolas abandonadas, matorrales atlánticos y afloramientos rocosos donde aún se pueden distinguir petroglifos: antiguos grabados rupestres. A lo largo del camino también se encuentran las ruinas del castillo medieval de San Xurxo, que recuerdan la importancia estratégica que estas alturas tuvieron en el pasado.
Aunque el recorrido hasta la cima exige cierta preparación física, recompensa plenamente a aquellos que llegan hasta el final. Desde lo alto se abre un panorama impresionante: la inmensa extensión del océano Atlántico, la recortada línea costera con sus bahías y cabos, y colinas cubiertas de vegetación que se pierden hacia el interior. Una imagen que permanece en la memoria, transmitiendo una profunda sensación de libertad y grandeza del entorno.
Los alrededores de la sierra no son menos interesantes. A solo unos kilómetros se halla la cascada de Ézaro, una de las pocas en Europa cuyas aguas caen directamente al océano. Muy cerca se extiende la playa de Carnota, considerada la más larga de toda la costa noroeste del país. Es un lugar ideal para descansar tras la subida, donde se puede disfrutar de la fuerza del oleaje y de la pureza de la arena dorada.
Toda esta zona forma parte de la red europea de espacios protegidos Natura 2000, lo que subraya su excepcional valor ecológico. Aquí se conserva un ecosistema único con especies endémicas de flora y fauna, además de formaciones geológicas raras. El estatus de área protegida ayuda a preservar este frágil equilibrio para las generaciones futuras.
Así, visitar este rincón de España es mucho más que una simple excursión por la montaña. Es una oportunidad para conectar con la historia, sumergirse en el mundo de antiguas creencias y disfrutar de algunos de los paisajes más pintorescos del continente. Cada sendero aquí cuenta su propia historia y cada vista revela una nueva faceta de este lugar extraordinario, haciendo que la experiencia sea realmente inolvidable.












