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El cuerpo de Yamina sigue sin ser entregado a la familia una semana en la morgue y el laberinto burocrático

¿Por qué un simple adiós puede volverse una pesadilla? Trámites interminables, sistema impasible, emociones al límite

La familia de Yamina Lamsiah, fallecida en la tragedia cerca de Córdoba, no puede recuperar el cuerpo: la mujer lleva ya una semana en la morgue por trabas burocráticas. Los allegados pierden la esperanza de obtener justicia y aguardan el permiso para dar sepultura

En los pasillos del hotel en Córdoba reina un silencio abrumador. La familia de Yamina Lamsiah, fallecida en el trágico accidente del tren Iryo, lleva una semana sin poder despedirse de su ser querido. La mujer, cuya vida se truncó en el octavo vagón, sigue en la cámara frigorífica, mientras sus familiares luchan con interminable papeleo y la indiferencia de las autoridades.

Con cada día que pasa, los rostros de los familiares se ven más agotados: profundas ojeras, cansancio y dolor imposibles de ocultar. Regresan al hotel tras cada visita al tribunal, donde esperan obtener el permiso para trasladar el cuerpo a Madrid y realizar el rito musulmán. Pero en vez de respuestas, surgen nuevas dudas y justificaciones. El esposo de Yamina, desesperado, discute con los funcionarios, quienes solo se encogen de hombros: las aseguradoras y las funerarias no logran ponerse de acuerdo, y la familia queda atrapada en decisiones ajenas.

Búsqueda y espera

Para los familiares de Yamina, esta semana ha sido una verdadera prueba. La última vez que la vieron fue por videollamada: ella sonreía desde el tren, sin imaginar la tragedia inminente. De pronto, la comunicación se cortó, se escucharon gritos y ruido, y no volvieron a saber de ella. Horas interminables de búsqueda en hospitales y comisarías no dieron resultado. Solo después de varios días les informaron del desenlace fatal, pero incluso entonces, el camino hacia la despedida seguía cerrado.

La hermana de Yamina recuerda cómo pasaron toda la noche yendo de hospital en hospital, con la esperanza de encontrar alguna noticia. En el centro para víctimas de la catástrofe les recomendaron regresar a la ciudad, donde supuestamente podrían obtener información. Pero el laberinto burocrático resultó infranqueable: cuatro días de búsqueda, llamadas a la Cruz Roja, donde una empleada anunció por error el fallecimiento y otra intentó tranquilizarlos diciendo que se trataba de un malentendido. Sólo a mediados de semana la familia recibió la confirmación oficial de la muerte.

Ritos religiosos

Sólo el sábado los familiares lograron reunirse en el Centro Cultural Islámico para rezar por Yamina. En Marruecos, los padres de la fallecida se enteraron de la tragedia apenas la víspera: durante una semana los parientes intentaron retrasar ese momento para no herir a la abuela enferma. Ahora toda la familia sólo sueña con una cosa: enterrar a Yamina en su tierra natal, como dicta la tradición. En el islam se acostumbra dar sepultura en las primeras 24 horas, pero aquí ya ha pasado una semana y la espera no tiene fin.

La hermana de la fallecida relata con inquietud que los funcionarios prometieron ayuda, pero en la práctica todo se redujo a palabras vacías. Cada día aparecen nuevas exigencias: falta un certificado de Sanidad, luego exigen un permiso adicional para trasladar el cuerpo. La familia asegura que el consulado de Marruecos ya dio su consentimiento, pero el proceso sigue estancado.

Callejón burocrático

Las agencias funerarias y los representantes de las autoridades se remiten unos a otros, mientras el cuerpo de Yamina sigue en la morgue. Una empresa asegura que toda la documentación está lista, otra exige más certificados. Los familiares no entienden por qué el proceso se retrasa, ya que, según ellos, todos los trámites se resolvieron hace tiempo. Las autoridades informan que todos los cuerpos ya han sido entregados a las familias, pero para los Lamsiah eso suena vacío: su dolor no cesa.

La empresa encargada de la repatriación habla de falta de papeles, aunque la familia asegura que ya tiene todos los permisos. La hermana de Yamina no oculta su decepción: tras las grandes promesas de apoyo de los funcionarios, sólo quedan frases formales y colas interminables. Como resultado, entre todas las familias de extranjeros fallecidos, sólo los Lamsiah aún no pueden recuperar el cuerpo y partir a Marruecos.

Desesperación y espera

En este caos de papeles y promesas, los familiares de Yamina se sienten perdidos. Cada día de espera se convierte en una tortura, y la esperanza de una despedida cercana se desvanece con cada nueva llamada. En sus ojos hay cansancio y desesperanza, porque ni siquiera después de la muerte de su ser querido les permiten despedirse como corresponde. Toda la familia sueña solo con una cosa: llevar a Yamina de vuelta a casa y encontrar la paz que tanto tiempo les han negado los obstáculos burocráticos.

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