
Trinitario Casanova no podrá dirigir empresas hasta 2032 según decisión judicial en Madrid
Ocho años de inhabilitación Casanova queda apartado tras la quiebra de Trabis
Un gran promotor español pierde sus activos empresariales tras un veredicto judicial
El mercado inmobiliario español vuelve a ser protagonista tras un fallo judicial sonado contra Trinitario Casanova. Uno de los empresarios más notorios del país, conocido por sus operaciones relámpago y estilo excéntrico, no podrá gestionar empresas ni administrar bienes ajenos durante ocho años. Así lo ha dictado el tribunal de Madrid, al considerarlo responsable de llevar a la quiebra a Trabis Edificación Avanzada, perteneciente a su grupo Baraka. La sentencia supone no solo un revés personal para Casanova, sino también una señal para el sector: ni los actores más influyentes están a salvo de las consecuencias de decisiones arriesgadas.
El proceso judicial determinó que los problemas financieros de Trabis fueron consecuencia de la gestión, señalando a Casanova como principal responsable. Según el expediente, antes de la bancarrota se desviaron cantidades importantes: 10 millones de euros en dividendos hacia el grupo Baraka sin justificación legal y otros 4,3 millones transferidos sin explicación. Además de Casanova, su socio de confianza, José Antonio Benimeli, recibió una inhabilitación de dos años. Según Economía Digital, el déficit total a cubrir supera los 20 millones de euros.
Operaciones relámpago
Trinitario Casanova se convirtió en un símbolo de la época del boom inmobiliario español. Su trayectoria comenzó en el negocio familiar de venta de frutas, pero ya a mediados de los 2000 gestionaba activos valorados en cientos de millones de euros. Su operación más sonada fue la venta del grupo Hispania por 650 millones de euros en 2008, lo que le permitió esquivar las consecuencias de la crisis que afectó a muchos promotores. Sin embargo, el mayor reconocimiento le llegó con la operación del Edificio España en Madrid: Casanova compró el edificio a la china Wanda por 272 millones y lo revendió a la cadena RIU por 300 millones apenas unas horas después. Acudió a la firma de la operación vestido de torero, reforzando aún más su reputación como el jugador más singular del sector.
En los años siguientes, Casanova siguió invirtiendo en el mercado inmobiliario por todo el país. En 2018 adquirió más de 10 millones de metros cuadrados de terreno en Valdebebas y propiedades exclusivas en Gran Vía y La Moraleja. Su colección de coches Bentley, Ferrari y Rolls-Royce se convirtió en símbolo de éxito, y el empresario apareció con frecuencia en la prensa del corazón por sus gestos extravagantes.
Escándalos y conflictos
Sin embargo, el camino de Casanova no estuvo exento de obstáculos. En Murcia, su nombre se asoció al proyecto La Zerrichera, un desarrollo urbanístico a gran escala en una zona de reserva natural que provocó protestas ecologistas y un escándalo político. El proyecto quedó paralizado y las relaciones con las autoridades locales se deterioraron. En Madrid, Casanova se vio envuelto en la polémica de Operación Chamartín, donde defendía los intereses de cientos de familias que reclamaban la devolución de terrenos. Finalmente, el tribunal desestimó sus demandas.
Tampoco estuvo exento de problemas financieros: en 2008, Casanova fue multado con 108 mil euros por difundir rumores sobre una posible compra del Banco Popular, lo que afectó el valor de las acciones. A pesar de su notoriedad, el empresario procuraba mantener su vida privada alejada del foco mediático. Estuvo casado dos veces, tiene dos hijos y en 2014 creó una fundación benéfica.
Nuevos retos
Tras una serie de acuerdos y escándalos sonados, Casanova no desapareció de la escena. Según declara, sigue impulsando nuevos proyectos, entre ellos en logística y en la construcción de centros de datos. El desarrollo inmobiliario tradicional ahora lo gestionan sus hijos, mientras que él se centra en la administración del patrimonio familiar. Entre los proyectos pendientes está la rehabilitación del histórico Cine Ideal en Alicante, que el grupo Baraka planea transformar en hotel. Sin embargo, la ejecución se retrasa por falta de permisos y disputas sobre el valor cultural del edificio.
La sentencia contra Casanova marcó un punto de inflexión en el sector. Su nombre ya no solo se asocia al éxito y el lujo, sino también a los riesgos capaces de tumbar incluso los imperios empresariales más ambiciosos. El análisis de russpain.com señala que este tipo de casos son cada vez más habituales ante el endurecimiento de los controles de transparencia financiera en el sector.
Trinitario Casanova es una figura que siempre ha generado tanto polémica como admiración. Su trayectoria recuerda a la de otros promotores inmobiliarios españoles que, durante los años de bonanza, acumularon fortunas rápidamente, pero tras la crisis se enfrentaron a problemas judiciales y financieros. Un caso similar fue el de Manuel Yáñez, quien también perdió el control de sus empresas tras una serie de operaciones fallidas e investigaciones. Estos ejemplos demuestran que incluso las estrellas más destacadas del sector pueden acabar rápidamente en el centro de escándalos y litigios si ignoran los riesgos y las leyes.












