
Los vídeos cortos, que hoy inundan las redes sociales, resultan ser menos inofensivos de lo que parecen a primera vista. Un grupo de científicos de Griffith University realizó un amplio estudio para averiguar cómo afecta a la psique y las capacidades mentales de los usuarios ver videos en formato vertical. El análisis se centró en plataformas populares como TikTok y YouTube Shorts, donde los contenidos breves suman millones de visualizaciones a diario. Los resultados invitan a la reflexión: el hábito de consumir información rápida podría tener serias consecuencias para la salud cognitiva.
Durante el estudio se analizaron los datos de casi cien mil personas, participantes en 71 investigaciones independientes. Se descubrió que cuanto más tiempo dedica una persona a ver vídeos cortos, más difícil le resulta concentrarse en tareas complejas y controlar sus impulsos. Los investigadores señalan que este tipo de contenido literalmente ‘reprograma’ el cerebro, reduciendo la capacidad de concentración prolongada y autocontrol.
Pérdida de concentración
Los científicos identificaron una relación clara entre la cantidad de vídeos cortos visualizados y el deterioro de las funciones cognitivas. Sobre todo, se ven afectadas la atención y la inhibición personal, cualidades esenciales para el estudio, el trabajo y la vida diaria. Cuanto más frecuentemente una persona recurre a vídeos cortos, más difícil le resulta retomar actividades más lentas y que requieren esfuerzo.
La causa radica en las particularidades del sistema de recompensa del cerebro. El contenido rápido, impactante y en constante cambio estimula la producción de dopamina, generando una sensación de placer y motivando a ver nuevos videos. Con el tiempo, el cerebro se acostumbra a este nivel de estimulación y las actividades habituales empiezan a parecer aburridas y tediosas.
Consecuencias psicológicas
Sumergirse en el mundo de los videos cortos no solo reduce la concentración. Un estudio reveló que los usuarios activos de estas plataformas experimentan con mayor frecuencia problemas de sueño, ansiedad elevada y sensación de soledad. Ver estos videos durante largos periodos puede llevar al aislamiento social, donde la persona prefiere el contacto virtual en lugar de las relaciones reales.
Además, el consumo regular de contenido breve se asocia con una disminución de la satisfacción con la vida. Las personas comienzan a compararse con los protagonistas de los videos, lo que a menudo conduce a una baja autoestima y tensión interna. Los adolescentes y adultos jóvenes, para quienes las redes sociales ya son parte de la vida cotidiana, resultan especialmente vulnerables.
Formación de adicción
Otro hallazgo preocupante de los científicos es que los vídeos cortos pueden generar una adicción similar a la dependencia del juego o de la comida. El usuario vuelve cada vez más a la plataforma en busca de una nueva “dosis” de estímulos intensos. Esto crea un círculo vicioso: cuanto más tiempo se dedica a ver estos vídeos, más se reduce la capacidad de autocontrol y más difícil resulta abandonar este hábito.
Como consecuencia, la persona pierde interés en actividades más complejas y beneficiosas, como la lectura, el deporte o la comunicación en persona. Con el tiempo, esto puede llevar a un deterioro del bienestar mental e incluso al desarrollo de síntomas depresivos.
Posibles soluciones
Los autores del estudio subrayan que su trabajo es solo un primer paso para comprender la magnitud del problema. Los datos obtenidos pueden servir de base para desarrollar recomendaciones sobre un uso más saludable de los vídeos cortos. Es fundamental aprender a controlar el tiempo que pasamos en redes sociales y elegir conscientemente el contenido que realmente aporta beneficios.
Los expertos aconsejan alternar la visualización de vídeos con otras actividades, prestar atención al descanso adecuado y no olvidar la importancia de la comunicación en persona. Solo así se puede mantener el equilibrio entre el entretenimiento y la vida real, sin sacrificar la salud mental.
Por si no lo sabías, la Griffith University es uno de los principales centros de investigación de Australia, especializado en proyectos interdisciplinarios en los campos de la psicología, la medicina y las ciencias sociales. En los últimos años, la universidad ha estudiado activamente el impacto de las tecnologías digitales en el comportamiento y la salud, publicando sus hallazgos en prestigiosas revistas internacionales. Entre sus socios en proyectos científicos se encuentran universidades líderes de Europa, EE. UU. y Asia. Gracias a estas investigaciones, se están desarrollando enfoques modernos para la prevención de las adicciones digitales y la promoción del bienestar mental.











