
A pocos cientos de metros de la playa de Las Poleas, en el municipio de Tapia de Casariego, se esconde una reserva de oro considerada la mayor de Europa occidental. Los antiguos romanos ya comenzaron a explotar estas tierras, dejando tras de sí una laguna, pero las principales riquezas permanecieron intactas. En las dos últimas décadas, varias empresas intentaron obtener permisos de explotación, pero siempre se toparon con obstáculos insalvables.
El último intento corresponde a la empresa Exploraciones Mineras del Cantábrico (EMC), filial de la británica Black Dragon. Antes lo intentaron Rio Narcea Gold Lines y Astur Gold, pero sus proyectos no superaron la evaluación ambiental o fueron bloqueados por las autoridades regionales. Incluso tras la negativa en 2015, EMC no se rindió y en 2021 presentó un nuevo plan: invertir 100 millones de euros, crear 150 empleos directos y mil indirectos, con una explotación estimada en 16 años. Según cálculos, las minas podrían albergar hasta 32 toneladas de oro.
Sin embargo, vecinos y ecologistas no piensan ceder. A lo largo de años de lucha contra la extracción en Salave se ha formado un potente movimiento que agrupa a pescadores, empresarios, defensores del medio ambiente y ciudadanos. Incluso el ayuntamiento, gobernado por el Partido Popular, se ha posicionado en contra, y los socialistas han respaldado la protesta. Las principales preocupaciones son la posible contaminación del agua, el riesgo para el turismo y el daño a los ecosistemas. Ahora corresponde a las autoridades regionales decidir si el proyecto recibirá la calificación de estratégico, lo que facilitaría la concesión de licencias.
Los partidarios de la explotación, incluida la Asociación para la Reindustrialización del Occidente, sostienen que el oro podría revitalizar la región, crear empleo y frenar el éxodo de población. A ellos se ha sumado el mayor sindicato de mineros, que insiste en la importancia del proyecto para la economía. Los expertos señalan que la tecnología moderna permite minimizar el impacto negativo y que la extracción subterránea se considera menos perjudicial para el medio ambiente. Sin embargo, persisten riesgos: se menciona el posible uso de sustancias tóxicas y la alteración del paisaje.
En los últimos meses la situación se ha agravado: tras la aprobación de una nueva ley sobre proyectos estratégicos, las empresas obtuvieron la oportunidad de agilizar los trámites de autorización. EMC solicitó un estatus especial y, en verano, las autoridades abrieron un periodo de consultas públicas. La respuesta fue clara: decenas de organizaciones y residentes se manifestaron en contra. Ahora la decisión está en manos del gobierno de Asturias, pero el enfrentamiento entre defensores y opositores no hace más que intensificarse.
La cuestión sobre el futuro del yacimiento de oro en Tapia de Casariego sigue sin resolverse. Algunos ven en él una oportunidad para la región, mientras que otros lo consideran una amenaza para la naturaleza y el modo de vida tradicional. En las próximas semanas se sabrá si el proyecto recibe luz verde o si se convierte en otro sueño incumplido.












