
En Granada estalló un nuevo escándalo relacionado con el refugio municipal de animales sin hogar El Vivero. Tras una serie de lluvias torrenciales, veterinarios de la administración municipal realizaron una inspección extraordinaria y concluyeron que casi tres cuartas partes de los perros del centro deben ser trasladados de inmediato a otro lugar. El motivo es el peligro de inundaciones y suciedad, que amenazan la salud de los animales ante nuevas precipitaciones.
Como resultado de la inspección, se decidió trasladar a 27 de los 39 perros, lo que representa aproximadamente el 70% de los residentes del refugio. Las autoridades insisten en que si no se pueden garantizar las condiciones adecuadas en el edificio actual, los animales deberán ser ubicados temporalmente en otro centro autorizado, donde recibirán la atención y seguridad necesarias.
Problemas a la vista
El Vivero, gestionado por la empresa Athisa Medio Ambiente, no es la primera vez que se convierte en foco de atención. En los últimos meses se han publicado regularmente en redes sociales fotos y vídeos que muestran a los animales en jaulas sin protección contra el frío, charcos en el suelo y una evidente falta de personal. Además, el refugio sufre cortes periódicos de agua y electricidad, lo que agrava aún más la situación.
El contrato municipal con Athisa Medio Ambiente cuesta al presupuesto de Granada 180 mil euros al año. Sin embargo, a pesar de este gasto considerable, las condiciones en las que viven los animales generan cada vez más inquietud entre los ciudadanos y los defensores de los animales. Las autoridades aseguran realizar controles periódicos, pero tras las últimas lluvias la situación se volvió crítica.
Reacción y medidas
Durante la última inspección se constató que parte de los perros ya había sido trasladada a instalaciones más seguras. Sin embargo, esto resultó insuficiente: los especialistas insisten en la reubicación urgente de otros 27 animales. Si en el edificio de El Vivero no hay espacio suficiente, los perros tendrán que ser enviados a otro refugio que cumpla con los estándares de seguridad e higiene.
No es el primer intento de las autoridades de poner orden en El Vivero. Ya en enero, los veterinarios exigieron a la empresa gestora elaborar un plan claro para prevenir inundaciones y acumulación de suciedad, además de crear un protocolo de actuación para casos de lluvias intensas. La compañía recibió una orden y debía presentar un informe en diez días, pero la nueva inspección llegó antes de que expirara el plazo y reveló la necesidad de medidas urgentes.
Historial de infracciones
El Vivero abrió en septiembre de 2024, pero ya en marzo de 2025 sus actividades fueron suspendidas temporalmente por irregularidades. Desde comienzos de 2026, circulan en internet imágenes preocupantes que muestran las condiciones en las que permanecen los animales. Esto ha provocado una ola de indignación entre los habitantes de Granada y ha llamado la atención sobre las actividades de Athisa Medio Ambiente.
La empresa gestiona 14 centros similares en toda España, pero su reputación deja mucho que desear. En otras ciudades, Athisa ya ha perdido contratos municipales y ha sido objeto de investigaciones y sanciones por incumplimiento de los estándares de bienestar animal. En Granada, la situación parece repetirse: a pesar de los informes oficiales sobre el “estado satisfactorio” de los animales, la realidad es mucho menos alentadora.
En espera de cambios
En los próximos días se espera una nueva inspección que debe confirmar que se han cumplido todas las exigencias y que los animales han sido trasladados a condiciones seguras. Las autoridades prometen mantener la situación bajo control, pero la sociedad ya reclama medidas más estrictas y transparencia en la gestión del refugio.
La historia de El Vivero no es solo una cuestión sobre el destino de unas cuantas decenas de perros. Es una prueba crucial para todo el sistema de gestión de animales sin hogar en España. Mientras unos funcionarios informan sobre el cumplimiento de los contratos, otros se ven obligados a reaccionar ante señales preocupantes en las redes sociales. Y parece que, precisamente, la presión social se está convirtiendo en el principal motor de cambio.












