
El final del año en Cataluña está marcado por la preocupación: la región ha quedado en el centro de atención tras el hallazgo de jabalíes muertos con signos de peste porcina africana. Primero se encontraron dos cadáveres de animales en Bellaterra y, pocos días después, el número de fallecidos ascendió a nueve. Las autoridades recurrieron rápidamente al ejército para evitar la propagación de la enfermedad, ya que la amenaza para las explotaciones porcinas se ha vuelto real.
Las primeras conclusiones de los especialistas apuntan a una fuente inusual de contagio: un bocadillo de embutido que, probablemente, contenía el virus. A pesar de ello, en las redes sociales se desataron debates: muchos usuarios culparon a las iniciativas ecológicas y a la llamada «agenda 2030» argumentando que, supuestamente, la prohibición de la caza provocó el aumento de la población de jabalíes y, como consecuencia, la epidemia.
Caza y población
Sin embargo, los datos oficiales desmienten estas acusaciones. En Cataluña no existen restricciones adicionales para la caza de jabalíes. Según la normativa regional, la caza está permitida de septiembre a marzo, y en verano cuando causan daños a la agricultura. El año pasado, los cazadores capturaron más de 73.000 ejemplares, siendo Girona y Barcelona las provincias con mayor actividad.
No obstante, a pesar de la caza intensiva, la población de jabalíes sigue aumentando. El Ministerio de Agricultura señala que en las últimas décadas la población se ha multiplicado y que para 2025 podría duplicarse. Hay una presencia especialmente elevada en Girona, Barcelona, Tarragona, así como en regiones vecinas como Huesca y Valencia.
Causas del contagio
Los expertos destacan que la gran cantidad de jabalíes dificulta la lucha contra el virus, pero no es la causa de su aparición. Según ellos, la principal vía de entrada de la infección es el factor humano. Restos de comida abandonados en el bosque, especialmente productos cárnicos, pueden contener el virus, que permanece activo por largo tiempo en embutidos curados y otros productos de cerdo.
El virus de la peste porcina africana lleva muchos años circulando por Europa. Inicialmente ingresó a través de Georgia y Armenia, luego se propagó por los países de Europa del Este, y en los últimos años llegó a Alemania e Italia. Las posibles vías de entrada a España son la migración de animales infectados a través de los Pirineos o el ingreso de productos cárnicos contaminados.
El papel del ser humano
El plan nacional de control de jabalíes señala que las rutas internacionales y las zonas de descanso a lo largo de las carreteras son especialmente peligrosas. Los conductores que tiran restos de comida pueden provocar, sin querer, una epidemia. La caza convencional no basta para frenar el crecimiento de la población, por lo que las autoridades recomiendan medidas adicionales: trampas, tecnologías modernas, incluidos drones con cámaras térmicas para localizar animales.
Los ganaderos exigen al Gobierno acciones contundentes. Aseguran que es el Estado quien debe controlar la población de animales salvajes para evitar pérdidas económicas. Ya algunos países, como Taiwán, México y Japón, han dejado de importar cerdo español debido al brote.
Retos para la región
La situación en Cataluña ha dado pie a un debate no solo sobre riesgos sanitarios, sino también económicos. Un brote de peste porcina africana podría afectar las exportaciones y provocar pérdidas para los productores locales. Al mismo tiempo, los expertos insisten en que solo un enfoque integral, que combine los esfuerzos de cazadores, especialistas y autoridades, puede frenar la propagación del virus.
Quizás no lo sabía, pero la peste porcina africana es una enfermedad viral peligrosa para los cerdos domésticos y salvajes, aunque no representa un riesgo para los humanos. Los brotes pueden causar graves pérdidas económicas al sector agrícola. En Cataluña, el control de la situación está a cargo no solo del gobierno local, sino también de los servicios nacionales, incluyendo el Ministerio de Agricultura y laboratorios especializados. En los últimos años, España ha implementado activamente nuevos métodos de monitoreo y control de la enfermedad para proteger la industria y los mercados de exportación.












