
Entre los vastos campos del sur de la provincia de Palencia se alza una fortaleza medieval que, pese a su relevancia histórica, sigue siendo un secreto para muchos viajeros. Este enclave, declarado Bien de Interés Cultural, fue testigo silencioso de decisiones políticas clave que marcaron el rumbo de la historia de España. Una visita invernal permite apreciar plenamente su atmósfera solemne, lejos de las multitudes turísticas, y conectar con un pasado donde el poder y la arquitectura gótica iban de la mano.
Se trata del castillo de Ampudia, uno de los mejores ejemplos de fortificación gótica en Castilla y León y el mayor atractivo del pequeño municipio que lleva su nombre, con poco más de quinientos habitantes. Construido entre los siglos XIII y XV sobre una ligera elevación, domina tanto el perfil urbano como los campos agrícolas que lo rodean. Su fachada simétrica, con torres angulares, garitas decorativas y el escudo del Duque de Lerma sobre la entrada principal, anticipa un interior que combina la robustez defensiva con el confort palaciego. Tras cruzar el antiguo foso por el puente levadizo, el visitante accede a un amplio patio interior, donde las arcadas y galerías destacan su carácter palaciego, típico del gótico tardío.
Además de su valor arquitectónico, el castillo es famoso por los hechos históricos que tuvieron lugar entre sus muros. A principios del siglo XVI, según las crónicas, Carlos V pernoctó aquí durante su primer viaje por España. Poco después, en 1521, la ciudad fue escenario de la batalla de Ampudia en el contexto de la revuelta de los comuneros. Sin embargo, el papel más decisivo lo desempeñó el castillo a comienzos del siglo XVII, cuando el poderoso duque de Lerma, favorito del rey Felipe III, lo convirtió en su residencia temporal y en el epicentro no oficial de la vida cortesana. Fue en este lugar donde se llevaron a cabo las negociaciones que culminaron en 1606 con la firma del decreto que devolvió la capital de España de Valladolid a Madrid.
Tras siglos de esplendor y un largo periodo de abandono, el castillo fue declarado Monumento Nacional en 1931. Su segunda vida comenzó en la década de 1960 gracias a una amplia restauración impulsada por el empresario Eugenio Fontaneda. Hoy alberga una valiosa colección de antigüedades que incluye hallazgos arqueológicos, arte sacro, armas, juguetes antiguos y piezas etnográficas, todas expuestas en la planta baja. Desde la cima de la torre principal, la Torre del Homenaje, que supera los 30 metros de altura, se obtienen las mejores vistas de Ampudia, donde la silueta de la colegiata de San Miguel y los molinos en el horizonte componen una estampa inolvidable, ideal para cerrar una visita cultural.
Cabe destacar que la localidad de Ampudia, donde se encuentra el castillo, forma parte de la asociación «Pueblos Mágicos de España», lo que resalta su atmósfera única y su rico patrimonio. La colección reunida por Eugenio Fontaneda y expuesta en el castillo está considerada como una de las colecciones privadas más importantes del país. Abarca desde la arqueología ibérica hasta la vida popular de Castilla, transformando el castillo no solo en un monumento histórico, sino en un auténtico museo donde cada sala narra su propia historia, permitiendo comprender más a fondo la cultura y las tradiciones de la región.











