
El futuro de la mina de caolín en la Serranía baja de Cuenca se ha convertido en uno de los temas más polémicos para los habitantes de la región. La decisión de ampliar la extracción de este mineral no solo ha generado disputas entre pueblos vecinos, sino que también ha puesto en riesgo el modo de vida tradicional. Para muchos españoles, no se trata solo de un conflicto local: está en juego el destino de las pequeñas localidades, su supervivencia económica y la preservación del patrimonio natural.
Intereses divididos
En el centro del conflicto está la pequeña localidad de Arguisuelas, donde la mayoría de los vecinos se oponen a la ampliación de una de las dos minas en funcionamiento. Los habitantes temen que las nuevas explotaciones afecten uno de sus lugares naturales predilectos: el mirador de El Viso, famoso por sus atardeceres. En diciembre, las autoridades realizaron una consulta entre los residentes inscritos: de los 64 votos emitidos, 48 fueron en contra. Sin embargo, según los activistas, el número real de opositores es mayor, ya que muchos propietarios de viviendas residen fuera del pueblo, pero tampoco están de acuerdo con el proyecto.
Al mismo tiempo, los municipios vecinos, afectados por la despoblación y el envejecimiento, ven en la minería de caolín la única oportunidad de supervivencia económica. El alcalde de Carboneras de Guadazaón, situado a ocho kilómetros, destaca que preservar los puestos de trabajo es una cuestión de vida o muerte para la comarca. Según afirma, la extracción y procesado de caolín genera unos 60 empleos directos y 30 indirectos, algo fundamental para la economía local.
Preocupaciones medioambientales
Los opositores a la ampliación de la mina no están dispuestos a aceptar la perspectiva de una nueva explotación. Recuerdan cómo en la zona de Cerro Alejo la maquinaria ya provocó el derrumbe parcial de una ladera. Además de la amenaza al paisaje, los vecinos se quejan del ruido, el polvo y el deterioro de la calidad de vida. En su opinión, las promesas de desarrollo y llegada de nuevos habitantes no se corresponden con la realidad: nadie querría vivir en un lugar donde hay ruido constante y contaminación del aire.
Los activistas afirman que la cifra de empleos está exagerada y que en Argisuélas apenas trabajan unas 10 personas. Además, los recursos de caolín no son ilimitados: el permiso de explotación es por 10 años, tras lo cual, según la oposición, solo quedará un enorme agujero junto al pueblo.
Matices legales
La empresa SICA-Euroarce, propietaria de la mina, afirma contar con todos los permisos necesarios, obtenidos ya en 2021. El Ayuntamiento de Argisuélas concedió la licencia urbanística en 2022, pero denegó la nueva solicitud de ampliación en 2024, especialmente en lo referente a El Viso. Pese a ello, la legislación española permite a las autoridades autorizar la expropiación forzosa o la ocupación temporal de terrenos por interés público si se trata de la extracción de recursos minerales.
La empresa insiste en que el proceso continuará, incluso si es necesario recurrir a la ejecución forzosa. Los opositores temen que sus protestas solo retrasen lo inevitable, pero no logren parar las obras.
Dinero y promesas
Las autoridades locales y los residentes critican las propuestas de la empresa, considerándolas insuficientes. Según un representante del ayuntamiento, SICA-Euroarce ofrecía 150.000 euros durante 15 años, así como la construcción de áreas recreativas, la creación de una comunidad energética e incluso una piscina. Sin embargo, estas medidas no compensan ni la pérdida de valor natural ni el deterioro ambiental. Actualmente, la empresa ya paga 23.000 euros al año, pero estos fondos no resuelven los problemas fundamentales.
Las promesas de restaurar el terreno tras finalizar la extracción también generan escepticismo. Ejemplos de otras minas, donde tras la recuperación solo quedaron terrenos baldíos, no inspiran confianza entre los vecinos. En las últimas décadas, la población de Argisuélas ha disminuido de 338 a 127 habitantes, y la extracción de caolín no ha logrado frenar este descenso.
Divisiones internas
Dentro del propio ayuntamiento no hay unidad. La ausencia de un secretario desde hace dos meses impide formalizar la postura de los vecinos en la sesión del consejo. Representantes del gobierno local señalan que el informe ambiental original afectaba a otros terrenos y que el actual proyecto implica zonas naturales de mayor valor. Además, surgen críticas hacia los vecinos de Carboneras, quienes, según algunos, deberían ocuparse más de sus propios problemas ambientales que intervenir en los asuntos de Argisuélas.
Los técnicos de la empresa reconocen que existen diversas opiniones en la sociedad, y la encuesta solo ha confirmado la profunda división entre quienes apoyan y quienes rechazan la ampliación de la extracción.
En los últimos años, en España se han producido repetidos conflictos similares relacionados con la extracción de minerales. En regiones con baja densidad de población y oportunidades laborales limitadas, las disputas entre defensores del medio ambiente y partidarios del desarrollo industrial se intensifican cada vez más. En algunos casos, tras finalizar los trabajos, se ha logrado recuperar parte de los espacios naturales, pero a menudo las consecuencias para la ecología y las comunidades locales resultan irreversibles. Situaciones similares se han visto en Galicia y Asturias, donde el equilibrio entre la economía y la conservación de la naturaleza sigue generando intensos debates.












