
En Madrid, agentes de la policía municipal llevaron a cabo una amplia inspección durante la cual se detectaron tres clínicas ilegales que realizaban procedimientos estéticos y trataban enfermedades de la piel. En estos establecimientos se ofrecían inyecciones de bótox e incluso tratamientos contra el cáncer de piel, a pesar de no contar con licencias ni con las mínimas normas sanitarias.
La inspección reveló que en los locales donde se ofrecían los servicios reinaba una absoluta falta de higiene. En una de las clínicas, los procedimientos se realizaban literalmente entre insectos y perros, lo que suponía una amenaza directa para la salud de los clientes. Médicos sin la formación ni permisos necesarios utilizaban productos de origen dudoso y el equipo no se sometía a la esterilización requerida.
En el marco de la operación denominada «Intruso» (Operación Intruso), también se inspeccionaron 45 tiendas donde se incautaron grandes lotes de productos falsificados: 40 cajas de cigarros, 2.000 juguetes y 8.500 mascarillas. Sin embargo, la actividad de las clínicas clandestinas fue lo que más preocupó a las autoridades debido al riesgo que suponía para la vida y la salud de las personas.
Muchos clientes optaban por estos salones atraídos por los bajos precios, sin sospechar los peligros reales. En su afán por ahorrar, se exponían al riesgo de infecciones y graves complicaciones. Estos establecimientos no solo infringen la ley, sino que también socavan la confianza en los centros médicos legales.
La policía recuerda: acudir a especialistas no autorizados puede tener consecuencias irreversibles. Las autoridades continúan luchando contra la medicina ilegal y llaman a los ciudadanos a ser más cautelosos al elegir clínicas y salones de belleza.












