
Por la tarde aterrizó en Madrid un avión a bordo del cual se encontraba el diputado valenciano Juan Bordera. Su regreso fue posible tras pasar varios días en una prisión israelí. El motivo de su detención fue su participación en una flotilla internacional que se dirigía a las costas de Gaza en una misión humanitaria.
En el centro de detención, Bordera no estaba solo: en una pequeña celda de unos veinte metros cuadrados había otras trece personas. Según él, las condiciones eran extremadamente duras: presión psicológica constante, maltratos físicos, falta de agua potable y alimentos caducados. Algunos de los detenidos iniciaron una huelga de hambre y su estado generaba serias preocupaciones, especialmente por la calidad del agua y la ausencia de atención médica.
Según el diputado, el servicio consular español intentó ayudar, pero esto resultó insuficiente. Bordera no recibió apoyo de los diplomáticos españoles, aunque pudo contar con la ayuda de abogados palestinos. Destaca que es la actividad de los movimientos civiles la que puede cambiar la situación, citando como ejemplo una huelga en Italia que obligó a las autoridades del país a enviar un barco de apoyo, así como la intervención de Turquía, que protegió la flotilla con drones.
Tras su liberación, Bordera experimenta sentimientos encontrados: alegría por regresar a casa y preocupación por quienes siguen detenidos. Recuerda cómo la guardia los amenazaba con armas, utilizaba perros de servicio, y tanto la comida como el agua eran inadecuadas para el consumo. Él mismo sufrió una lesión en las costillas, mientras que sus compañeros resultaron con daños más graves. Especialmente difícil fue la presión psicológica: a los detenidos no se les permitía dormir, eran humillados, se les negaba atención médica, incluso a los diabéticos de edad avanzada.
El diputado considera que la reacción de los gobiernos europeos ante las acciones de Israel debería ser más contundente. Señala que las autoridades italianas fueron las primeras en evacuar a sus ciudadanos, mientras que los españoles estuvieron entre los últimos. Bordera está convencido de que, si es necesario, volvería a participar en una misión similar, ya que cree que sólo la presión constante de la sociedad puede cambiar la situación. Advierte que la violación del derecho internacional por parte de Israel podría convertirse en un precedente peligroso para el mundo entero.
A su juicio, las cifras de víctimas en Gaza están muy subestimadas y la apertura de un corredor humanitario permanente es una tarea que deben asumir los gobiernos, no simples ciudadanos. Bordera recalca que no deben ser los activistas quienes pongan en riesgo sus vidas para entregar ayuda, sino que la comunidad internacional tiene la obligación de garantizar la seguridad y el acceso a la asistencia humanitaria.
Al recordar los acontecimientos de su detención, el diputado señala que el ejército de Israel actuó con moderación solo mientras estaban las cámaras presentes, pero que después de que se apagó la videovigilancia comenzaron las palizas y humillaciones. Se pregunta: si así tratan a políticos y activistas conocidos, ¿qué sucede entonces con los palestinos comunes? Bordera llama a boicotear a Israel siguiendo el ejemplo del aislamiento internacional de Sudáfrica durante el apartheid y está convencido de que, con el tiempo, la magnitud de la tragedia será evidente para todo el mundo.












