
En Madrid se intensifica una intriga diplomática que podría cambiar el equilibrio de poder en el norte de África y afectar los intereses de España. Estados Unidos eligió precisamente la capital española para retomar el diálogo sobre el Sáhara Occidental, lo que subraya la importancia del país en las negociaciones internacionales. La reunión promete ser un punto de inflexión para toda la región, pues está en juego no solo el destino de la antigua colonia española, sino también la estabilidad en las fronteras sur de Europa.
El domingo, en la sede de la embajada de Estados Unidos en Madrid, se reunirán los ministros de Asuntos Exteriores de Marruecos, Argelia, Mauritania y un representante del Frente Polisario. Un formato de negociaciones así no se celebraba desde 1975, cuando Marruecos organizó la Marcha Verde y obligó a España a abandonar el Sáhara. Ahora, décadas después, es Madrid la que se convierte en el escenario para debatir el futuro de una región que sigue siendo motivo de disputas y tensiones.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de España confirmó oficialmente que el titular de Exteriores, José Manuel Albares, mantendrá reuniones por separado con sus homólogos de Argelia y Mauritania. Sin embargo, los detalles del propio encuentro multilateral se mantienen en secreto, lo que no hace más que aumentar el interés por lo que sucede. También participarán representantes de la ONU y destacados diplomáticos estadounidenses, un claro indicio de la seriedad de las intenciones de los organizadores.
Presión y expectativas
Estados Unidos intensifica la presión diplomática sobre los participantes del conflicto, buscando desbloquear una disputa que lleva años estancada. El foco de las discusiones es la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en octubre, que por primera vez menciona abiertamente la autonomía como la opción más realista de resolución. Este documento se ha convertido en el punto de partida para nuevas negociaciones, y es precisamente en torno a él que Washington construye su estrategia.
Entre los invitados figuran el enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental Staffan de Mistura, así como el coordinador del encuentro Masad Boulos y el embajador estadounidense ante la ONU Michael Waltz. La presencia de estos participantes subraya la dimensión internacional del evento y demuestra que la cuestión del Sáhara Occidental vuelve a ser el centro de atención en las capitales del mundo.
La Unión Europea también expresó su postura la semana pasada: el plan de autonomía propuesto por Marruecos es considerado como la base para una solución política. En Bruselas se celebraron consultas con la participación de la jefa de la diplomacia europea Kaja Kallas y el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos Nasser Bourita. Esto demuestra que Europa está dispuesta a respaldar un compromiso, si logra alcanzarse.
Búsqueda de una fórmula de autonomía
Marruecos, en su intento de convencer a la comunidad internacional sobre la viabilidad de su iniciativa, ha actualizado el proyecto de autonomía presentado originalmente en 2007. Según diplomáticos, la nueva versión del documento se ha multiplicado por diez en extensión y contempla la celebración de un referéndum entre los habitantes del Sáhara. Las autoridades estudiaron la experiencia europea, incluidas las regiones de ultramar francesas y las autonomías del Reino Unido, y observaron de cerca el modelo español, en particular el de Cataluña.
A pesar de la ampliación formal de competencias, las áreas clave —seguridad, política exterior, defensa y religión— permanecen bajo el control del poder central y del monarca. La autonomía abarca solo cuestiones locales: fiscalidad, infraestructuras, educación, sanidad, ecología y preservación del patrimonio cultural. El proyecto también prevé la creación de una fuerza policial propia y el apoyo a la lengua hassanía, característica de la región.
El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Bourita, subraya que la autonomía representa, en esencia, la realización del derecho a la autodeterminación. Sin embargo, los críticos señalan que la descentralización efectiva en el país aún es limitada y la mayoría de las decisiones se toman en Rabat.
La postura del Polisario y Argelia
El Frente Polisario, respaldado por Argelia, insiste en la celebración de un referéndum de independencia y sostiene que sólo el pueblo del Sáhara tiene derecho a decidir su destino. El líder del movimiento, Brahim Ghali, declaró recientemente su disposición al diálogo y la cooperación con mediadores internacionales, pero enfatizó que la decisión final debe corresponder a los habitantes de la región. Por su parte, Argelia sigue acogiendo a miles de refugiados saharauis y apoya la idea de la autodeterminación para la que fuera colonia española.
En un contexto donde confluyen los intereses de grandes potencias y actores regionales, cualquier acuerdo podría sentar un precedente para otros conflictos en el continente africano. España, situada en el centro de estos procesos, se ve obligada a equilibrar la responsabilidad histórica con las realidades geopolíticas actuales.
En los próximos días, la atención estará puesta en Madrid, donde no solo se decide el destino del Sáhara Occidental, sino que también se perfila un nuevo enfoque para resolver los prolongados conflictos en la región. Los resultados de este encuentro podrán influir en las relaciones entre la UE, el norte de África y Estados Unidos, y marcar el tono de futuras negociaciones sobre otros territorios en disputa.
En los últimos años, los esfuerzos internacionales para resolver los conflictos en el norte de África se han intensificado notablemente. En 2023, negociaciones similares sobre Libia se llevaron a cabo con la mediación de la ONU y la UE, aunque aún no se ha logrado una paz sostenible. En 2024, en Argelia se debatieron cuestiones de seguridad en el Sahel, donde también confluyen los intereses de las potencias mundiales. España juega tradicionalmente un papel de mediadora en estos procesos, aprovechando su experiencia y vínculos en la región. Estos encuentros cobran cada vez más relevancia ante el aumento de la inestabilidad y la presión migratoria sobre Europa.












