
Con la llegada del otoño, la escena política de España se ha animado notablemente: el Partido Popular (PP) se encuentra en una situación complicada. Vox, que antes era considerada una formación con escaso potencial electoral, sorprende al registrar cifras récord de apoyo. Incluso en regiones tradicionalmente leales al PP, como Galicia y Madrid, se observa un crecimiento significativo de simpatía hacia la ultraderecha. Sondeos internos muestran que el porcentaje de votantes dispuestos a respaldar a Vox en las elecciones nacionales se acerca al 20 %, una cifra superior a la que recogen la mayoría de encuestas públicas.
Ante estos cambios, Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, enfrenta quizás el mayor desafío de su liderazgo. Su objetivo es frenar el avance de Vox sin perder su propia base de apoyo. Mientras el gobierno de Pedro Sánchez mantiene su estabilidad, el PP se ve obligado a ajustar su estrategia. Feijóo endurece el discurso, particularmente en materia migratoria, y entra en un enfrentamiento abierto con el partido de Santiago Abascal.
Sin embargo, los intentos de apropiarse de parte de la agenda de Vox generan divisiones internas en el PP. Las medidas estrictas propuestas en el nuevo plan migratorio entusiasman al ala conservadora, pero generan inquietud entre los moderados. Entre las iniciativas más controvertidas figuran el endurecimiento de los requisitos para obtener la ciudadanía, la limitación al acceso a prestaciones sociales para extranjeros y el aumento de los estándares lingüísticos. El autor de estas propuestas es Rafael Núñez Huesca, anteriormente vinculado a Vox y actualmente cercano a la dirección de Madrid.
Por ahora, la nueva estrategia no está dando los frutos esperados: los índices de apoyo al PP no aumentan y, en algunos casos, incluso disminuyen en comparación con el año pasado. Dentro del partido crece el descontento y algunos miembros exigen cambios inmediatos. Hay quienes opinan que la constante discusión sobre migración solo refuerza la posición de Vox, mientras que el PP pierde su propia identidad. En respuesta a las críticas, Feijóo intenta centrar el debate en la economía, prometiendo reducir impuestos para autónomos, simplificar la burocracia y apoyar a las pequeñas empresas.
Al mismo tiempo, los ataques contra Vox se vuelven cada vez más personales. Feijóo compara las acciones de la ultraderecha con el comportamiento de los separatistas y subraya que el PP es el único partido capaz de ofrecer una gestión responsable. Sin embargo, no todos dentro del partido apoyan esta línea: algunos líderes regionales consideran que es mejor ignorar a Vox que entrar en confrontación directa.
El verano fue complicado para el PP: tanto factores externos como errores propios influyeron en la situación, como declaraciones desafortunadas sobre temas religiosos y el aborto. Algunos dirigentes del partido llaman a la calma y a desarrollar una estrategia a largo plazo, mientras que otros exigen acciones inmediatas. Al final, el PP se ve obligado a equilibrar la presión de Vox con la necesidad de mantener la unidad interna.
En los próximos meses, Feijóo deberá encontrar la forma de devolver el liderazgo al PP y frenar el ascenso de la ultraderecha. La política española entra en una etapa de incertidumbre, en la que cada decisión puede cambiar el equilibrio de fuerzas durante años.












