
La moderna Málaga, bañada por el sol y capital de la Costa del Sol, es conocida por millones como un centro de turismo y cultura. Sin embargo, tras el brillo de los escaparates y el bullicio de las playas, se esconde un nombre cuya historia se remonta siglos atrás, reflejando el destino complejo y multifacético de toda la región. Esta palabra, familiar al oído, es una auténtica reliquia lingüística que ha pasado por las lenguas de fenicios, romanos y árabes antes de llegar a su forma actual. Cada época dejó su huella, transformando el topónimo en un testimonio vivo del paso de imperios y pueblos por estas tierras.
Navegantes fenicios y dos hipótesis
Todo comenzó en el siglo VIII a.C., cuando a las costas ibéricas llegaron hábiles marineros y comerciantes de Fenicia. Fundaron aquí una colonia que se convirtió en un importante enclave comercial. Fueron ellos quienes dieron al asentamiento su primer nombre: Malaka. Hoy existen dos principales teorías científicas que explican esta elección. La más popular y extendida vincula el nombre al origen semítico «mlh», que significa «sal». Los fenicios se dedicaban activamente a la producción de pescado salado y la famosa salsa garum, y las fábricas locales de salazón eran conocidas en todo el Mediterráneo. Así, Malaka podría haber significado simplemente «lugar donde se sala». La segunda hipótesis, más poética, sugiere una relación con una deidad. El nombre podría derivar de «Malak», que se traduce como «reina» o «gobernante». Es posible que así llamaran a la diosa protectora local, encargada de velar por la colonia y sus habitantes.
Antigüedad y Edad Media: el cambio de épocas y de nombres
Con la llegada de los romanos tras las Guerras Púnicas, la ciudad inició una nueva etapa de desarrollo. Los pragmáticos conquistadores no inventaron un nombre nuevo, sino que adaptaron el existente a las normas del latín. Así, la púnica Malaka pasó a ser la romana Malaca (Malaca). Bajo el dominio romano, la ciudad prosperó, como evidencian las ruinas del teatro antiguo en pleno centro. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente y un breve periodo bajo los visigodos y los bizantinos, en el siglo VIII comenzó la época de la conquista musulmana. La ciudad se integró en el gran Estado de Al-Ándalus y se convirtió en uno de sus principales núcleos. El árabe transformó la sonoridad latina en Mālaqa. Durante este período se erigieron la imponente Alcazaba y la fortaleza de Gibralfaro, que aún hoy dominan el paisaje urbano y recuerdan el brillante pasado andalusí.
De la Reconquista a la actualidad: el origen del nombre moderno
La última transformación del nombre tuvo lugar a finales del siglo XV. En 1487, tras un largo y sangriento sitio, la ciudad fue reconquistada por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, durante la Reconquista. Con la llegada de la corona de Castilla y la lengua española, el término árabe «Malaqa» se adaptó a las nuevas normas fonéticas. Así nació el nombre actual: Málaga. Desde entonces, no ha cambiado, acompañando a la ciudad en épocas de decadencia, en el auge industrial del siglo XIX y, finalmente, en el boom turístico del siglo XX. Hoy en día, esta palabra es conocida en todo el mundo, aunque pocos visitantes imaginan el extenso viaje que ha recorrido a lo largo de milenios, conservando ecos de lenguas ancestrales y grandes civilizaciones.












