
En los últimos años, el nombre de Vito Quiles se ha convertido en sinónimo de escándalos políticos y cambios drásticos en la vida pública de España. Su actividad afecta no solo a políticos, sino también a ciudadanos comunes, ya que los métodos de Quiles y sus seguidores influyen directamente en el ambiente de las universidades, las calles e incluso dentro del parlamento. El debate sobre los límites permisibles de la agitación política y el papel de los medios en la formación de la opinión pública vuelve a estar en el centro de atención.
Quiles, hijo de un inmigrante italiano y graduado de la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid (Universidad Complutense de Madrid), inició su carrera difundiendo contenidos controvertidos en redes sociales. Su nombre resonó por primera vez durante la pandemia de 2020, cuando se dedicó activamente a difundir desinformación y bulos relacionados con el coronavirus, desastres naturales y sucesos de alto impacto. Gracias a su colaboración con el canal Estado de Alarma (EDA TV), fundado por Javier Negre, Quiles ganó rápida popularidad entre círculos de ultraderecha.
Llamaron especialmente la atención sus vínculos con grandes fuerzas políticas. Más de 170 contratos con el Partido Popular (Partido Popular) por un importe de hasta 680 mil euros fueron objeto de debate en los medios y desataron una ola de críticas. Quiles no se limitó a la actividad en línea: organizó una serie de charlas en universidades de todo el país, a menudo sin autorización oficial. Estos eventos estuvieron marcados por gritos de carácter racista y fascista, lo que desató indignación entre estudiantes y profesores.
Vínculos políticos
Durante sus giras por universidades, Quiles recibió respaldo financiero de Alvise Pérez, líder del partido Se Acabó La Fiesta (SALF). Dentro de esta formación política, Quiles ocupó el puesto de portavoz y llegó a postularse a las elecciones al Parlamento Europeo. Sus intervenciones públicas solían ir acompañadas de provocaciones e incluso de enfrentamientos directos con sus oponentes.
En mítines y protestas organizados por movimientos progresistas, Quiles aparecía escoltado por un equipo de seguridad, entre quienes se identificaron personas con posturas neonazis. Su actitud fue motivo recurrente de denuncias por acoso e intimidación, así como de incidentes en el Congreso de los Diputados, donde interfería en la labor de los periodistas y alteraba el desarrollo de las ruedas de prensa.
Dentro del Partido Popular, la decisión de colaborar con Quiles generó reacciones encontradas. Algunos miembros de la formación manifestaron abiertamente su descontento, considerando que estos vínculos podían dañar la imagen del partido. A pesar de ello, Quiles continuó participando en actos de campaña, lo que acentuó aún más la polémica en torno a su figura.
Métodos y consecuencias
La actividad de Quiles ejemplifica cómo la ultraderecha actual utiliza el periodismo y las redes sociales para difundir sus ideas. Sus declaraciones radicales y acciones provocativas generan preocupación entre diferentes sectores de la sociedad civil, que temen un aumento del extremismo y la difuminación de los límites entre el periodismo y la propaganda política.
La cuestión sobre la legitimidad de estos métodos se discute no solo en círculos políticos, sino también entre expertos en medios. Algunos comparan la influencia de Quiles con los recientes enfrentamientos entre figuras públicas conocidas y el gobierno, como sucedió con Elon Musk, quien criticó duramente las nuevas restricciones para las redes sociales en España. Más detalles sobre este conflicto se pueden encontrar en el reportaje sobre la lucha por el control de las plataformas y la migración.
La constante presencia de Quiles en actos públicos, sus intentos de influir en el desarrollo de las ruedas de prensa y una retórica agresiva se han convertido en tema de debate dentro del gremio periodístico. Algunos colegas exigen retirarle la acreditación para garantizar el buen funcionamiento de los medios en el parlamento y otras instituciones estatales.
Contexto y tendencias
En los últimos años, España ha experimentado un aumento de la actividad de los movimientos de ultraderecha, que cada vez recurren más a los medios modernos para movilizar a sus seguidores. Los escándalos relacionados con la injerencia en la labor de los periodistas, provocaciones en espacios universitarios y los intentos de presionar a políticos son cada vez más frecuentes.
Casos similares no se limitan a un solo país: en toda Europa se observa una dinámica parecida, donde grupos radicales emplean las tecnologías de la información para difundir sus ideas y ejercer influencia sobre la opinión pública. En España, esto provoca intensos debates sobre la libertad de expresión, los límites de lo permitido y la responsabilidad de los políticos respecto a sus vínculos con estos activistas.
El creciente interés por el papel de la ultraderecha en la política actual se debe no solo a factores internos, sino también a tendencias globales. En los últimos años, en España y otros países de la UE, se han producido repetidos escándalos vinculados a intentos de grupos radicales de influir en elecciones, organizar actos no autorizados y utilizar los medios para difundir desinformación. Estos hechos preocupan a expertos y ciudadanos, ya que plantean interrogantes sobre el futuro de la democracia y la estabilidad de las instituciones políticas.











