
Por primera vez en casi una década, Felipe VI reapareció en la tribuna de la ONU. Su regreso a Nueva York coincidió con un momento en el que la atención mundial se centra en los acontecimientos de Oriente Medio. En los últimos meses, países europeos han reconocido uno tras otro a Palestina, colocando a España en el centro de este proceso.
El contenido del discurso del monarca se mantuvo en secreto hasta el último momento. Las autoridades españolas debatieron activamente sobre cuán contundente debía ser la declaración del rey respecto a la situación en Gaza. Se esperaba que el mensaje fuera directo, aunque persistía la incógnita sobre si se utilizaría la palabra “genocidio”. El gobierno defendía su inclusión, pero la decisión final correspondía a la Casa Real. Finalmente, como se había anticipado, Felipe VI hizo hincapié en la necesidad de crear un Estado palestino viable, que incluya Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, así como en la importancia de la coexistencia pacífica con Israel. Subrayó especialmente la insoportable crisis humanitaria y el elevado número de víctimas civiles.
Esta declaración ha reducido aún más el margen de maniobra para el opositor Partido Popular (PP), que últimamente ha suavizado su postura e incluso ha expresado su disposición a apoyar el reconocimiento de Palestina, siempre que HAMAS no participe en el gobierno. Un enfoque similar está mostrando actualmente la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien ha quedado aislada en Europa respecto a esta cuestión. Mientras tanto, incluso Portugal, donde gobierna un aliado de los conservadores españoles, ya ha reconocido a Palestina, al igual que Francia, Canadá, Australia y varios otros países.
El discurso de Felipe VI contrasta notablemente con las posiciones de los representantes más radicales del PP, como la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien apoya plenamente al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Al mismo tiempo, la postura del rey coincide con la línea del gobierno de Sánchez, que observa con satisfacción cómo cada vez más países respaldan la iniciativa española de reconocer a Palestina. Esto otorga un significado especial a las palabras del monarca, ya que cualquier declaración suya en consonancia con la línea oficial del gobierno provoca inevitablemente un impacto político.
La negociación de los detalles del discurso entre el Gobierno y la Casa Real fue tensa, como suele ocurrir antes de importantes declaraciones internacionales. Finalmente, el texto definitivo fue decidido personalmente por Felipe VI y su círculo más cercano. El Partido Popular insistió en que era inaceptable emplear el término «genocidio», e incluso solicitó a la presidenta del Congreso que evitara pronunciar esa palabra durante el minuto de silencio por las víctimas en Gaza. Sin embargo, su petición no fue atendida, y el partido VOX rechazó participar en la ceremonia, exigiendo eliminar cualquier mención a Palestina.
Aunque el conflicto en Gaza fue el tema central de la cumbre, el rey abordó también asuntos afines a la posición del gobierno de Sánchez. Durante un encuentro con la diáspora española en Nueva York, subrayó la importancia de fortalecer la cooperación multilateral y el papel de la ONU en el mantenimiento de un orden internacional basado en la ley. En los últimos diez años, la situación mundial ha cambiado radicalmente: si la última intervención de Felipe VI coincidió con el 70º aniversario de la ONU, ahora incluso Estados Unidos cuestiona las reglas anteriores, y Donald Trump en su momento criticó abiertamente a la organización. En este contexto, el presidente del Gobierno español prefirió no entrar en debates públicos con el líder estadounidense, limitándose a celebrar reuniones a puerta cerrada y a cancelar varias entrevistas.












