
A partir del 20 de enero, las familias españolas enfrentarán una nueva subida en el precio habitual de la bombona de butano. Ahora habrá que pagar 15,58 euros por la bombona estándar de 12,5 kilos, lo que supone un aumento del 0,7% respecto al anterior precio. No se trata solo de cifras: para millones de hogares, especialmente en zonas rurales y regiones de clima suave, estos cambios se dejan sentir de manera significativa.
Las razones de esta subida de precios no se limitan a un solo factor. En primer lugar, el transporte del gas se ha encarecido un 5,1%. A esto se suma el incremento en el precio de la materia prima —butano y propano— en un 3,8%. Como si fuera poco, el euro perdió algo de terreno frente al dólar, lo que también ha impactado en el precio final. Así, incluso una leve fluctuación en la moneda puede afectar directamente el bolsillo del consumidor.
Regulación y revisiones periódicas
En España, el precio de las bombonas de butano no está liberalizado. Lo regula el Estado, que lo revisa cada dos meses siguiendo un estricto calendario —el tercer martes de los meses impares. Este proceso está supervisado por un organismo especializado y la fórmula de cálculo combina varios factores: el coste de las materias primas, los gastos de transporte y el tipo de cambio euro-dólar.
Desde 2015 rige una norma: el precio no puede variar más de un 5% en cada revisión. Si el cambio real es mayor, la diferencia se traslada a la siguiente revisión. Este sistema pretende suavizar las subidas bruscas, pero con el aumento constante de los costes, no siempre evita sorpresas desagradables.
La especificidad española
Aunque las bombonas de gas van perdiendo popularidad, aún las utilizan cerca de ocho millones de hogares en España. Son especialmente comunes en pequeñas ciudades y pueblos, donde la calefacción centralizada es poco frecuente. Cada año en el país se consumen más de 64 millones de bombonas de gas licuado de distintos tamaños.
Sin embargo, la tendencia de los últimos años es clara: entre 2010 y 2021, el consumo de butano y propano en bombonas se redujo en más de una cuarta parte. Las razones son la transición a fuentes de energía alternativas, el desarrollo de infraestructuras y el simple encarecimiento del combustible. Aun así, para muchos ciudadanos en España la bombona sigue siendo la única opción disponible.
Fórmula del precio
¿Cómo se calcula el precio final? Se consideran tres factores clave. En primer lugar, el coste de la materia prima, es decir, el butano y el propano que se compran en el mercado internacional. En segundo lugar, el transporte: la distribución de gas en bombonas por todo el país es cada vez más cara debido al aumento del precio del combustible y los costes logísticos. En tercer lugar, el tipo de cambio: si el euro se devalúa frente al dólar, importar resulta más caro y esto se refleja directamente en el precio para el consumidor final.
Todo este sistema puede parecer complicado, pero en realidad es bastante transparente. Cada nueva revisión actúa como un barómetro de la situación económica en España y en el mundo. Y aunque en esta ocasión la subida haya sido mínima, nadie puede garantizar que en el futuro la situación no empeore.
Impacto en la vida cotidiana
Para muchos españoles, un aumento aunque sea de unos pocos céntimos no es solo una cifra estadística. En un contexto donde los precios de alimentos y servicios siguen subiendo, cada pequeño cambio se hace notar. La situación es especialmente difícil para los pensionistas y las familias con bajos ingresos, para quienes la bombona es la única fuente de calor y agua caliente.
Mientras las autoridades afirman que el sistema de regulación protege al consumidor de subidas bruscas, la realidad es otra: el gasto en energía sigue creciendo. Si la tendencia continúa, la accesibilidad a recursos básicos para millones de familias estará aún más en entredicho.












