
El domingo, las calles de Santiago de Compostela se llenaron de miles de gallegos que protestaron contra los planes para construir una gran planta de producción de celulosa y fibras textiles en Palas de Rei (Lugo). Los manifestantes corearon «Altri non», mostrando su rechazo a un proyecto que, según ellos, amenaza el medio ambiente regional y el futuro del río Ulla.
Los organizadores de la protesta, entre ellos la plataforma Ulloa Viva y asociaciones de defensa de la ría de Arousa, señalan que, a pesar de las dificultades financieras de los inversores, el proyecto aún no ha sido cancelado definitivamente. Según afirman, la masiva participación en la marcha es un mensaje claro a las autoridades y empresas: la población local no está dispuesta a aceptar las posibles consecuencias de la construcción.
Preocupaciones medioambientales
El proyecto contempla una producción anual de 400.000 toneladas de celulosa soluble y 200.000 toneladas de fibras textiles sostenibles. Para ello, está previsto ocupar 366 hectáreas de terreno y extraer diariamente hasta 46 millones de litros de agua del río Ulla, lo que genera alarma entre ecologistas y pescadores. Temen que estos volúmenes de captación de agua y los posteriores vertidos puedan causar daños irreparables al ecosistema y la ría de Arousa, una zona tradicionalmente dedicada al marisqueo.
A pesar de que el proyecto ya cuenta con una evaluación de impacto ambiental favorable por parte de las autoridades regionales, su ejecución se encuentra estancada debido a la falta de financiación. Los inversores esperaban recibir 250 millones de euros en subvenciones estatales, pero en dos ocasiones se les negó el acceso a fondos europeos. Además, la planta aún no está conectada a la red eléctrica, lo que pone en duda su puesta en marcha.
Política y sociedad
A la protesta en Santiago acudieron representantes de partidos de la oposición, sindicatos, organizaciones ecologistas y cofradías de pescadores. Los líderes del movimiento destacan que el proyecto de Altri no solo representa una amenaza para el entorno natural, sino que también podría ocasionar pérdidas económicas para los habitantes dedicados a oficios tradicionales.
Marta Gontá, portavoz de Ulloa Viva, declaró que la construcción de la planta traerá pobreza en lugar de desarrollo para la región. Según afirmó, Galicia merece inversiones más sostenibles y seguras para el medio ambiente. A la protesta se sumaron también representantes de Greenpeace, quienes instaron a la empresa Altri a renunciar públicamente a sus planes.
Reacción de las autoridades
El presidente del gobierno autonómico de Galicia, Alfonso Rueda, reconoció que el futuro de la planta sigue siendo incierto. Señaló que, debido a las dificultades financieras y técnicas, la empresa debe decidir por sí misma los próximos pasos a seguir. Al mismo tiempo, la oposición acusa a las autoridades regionales de favorecer los intereses de las grandes empresas en detrimento de la población.
La líder del BNG, Ana Pontón, calificó el proyecto Altri como un ejemplo de «franquismo industrial» y pidió al gobierno que escuche la voz de la sociedad. La representante socialista, Lara Méndez, recordó que las autoridades centrales de España negaron el apoyo a la planta en tres ocasiones, incluyendo su exclusión de los planes nacionales de desarrollo energético.
El futuro del proyecto
Hace dos años, los promotores de la construcción solicitaron la captación de agua del Ulla, pero aún no han recibido autorización. Los ecologistas consideran que este es uno de los aspectos más peligrosos del proyecto, ya que podría alterar el régimen hidrológico del río y afectar la vida de miles de personas vinculadas a la pesca y la agricultura.
A pesar de todas las dificultades, los activistas subrayan que no piensan rendirse. Exigen a Altri la renuncia oficial a la construcción y llaman a las autoridades a buscar alternativas para el desarrollo de la región que no supongan riesgos para la naturaleza ni el modo de vida tradicional.












