
En el pequeño pueblo leonés de Villamanín, quince jóvenes responsables de organizar las fiestas locales se vieron envueltos en un gran escándalo. Un error en la gestión de los billetes de la lotería de Navidad provocó que los vecinos perdieran cuatro millones de euros. Con el objetivo de dar vida al pueblo y atraer a la gente, cada año los jóvenes venden billetes de lotería; parte de los fondos se destinan a financiar las celebraciones. Esta vez, sin embargo, las cosas no salieron como esperaban.
En 2025, como de costumbre, adquirieron billetes para la famosa lotería española y los repartieron en participaciones entre locales y visitantes. Se vendieron un total de 90 billetes, divididos en 450 participaciones de cinco euros cada una. De cada participación, un euro se reservaba para los gastos de la comisión organizadora, mientras que los otros cuatro euros se destinaban al sorteo. Pero, en vísperas del sorteo, descubrieron que 50 participaciones nunca llegaron a registrarse oficialmente en la administración de lotería. Se habían quedado en casa de uno de los organizadores y, para colmo, esas participaciones resultaron ser las premiadas.
Una noche de tensión
Cuando se supo que había cuatro millones de euros en juego, el pueblo entró en una auténtica conmoción. Los jóvenes organizadores reunieron a todos los posibles agraciados en el bar local. Durante cuatro horas, la tensión fue máxima: algunos exigían explicaciones, otros acusaban a los chicos de estafa y sospechaban que el error no había sido accidental. Se les recriminaba que, en televisión, supuestamente mencionaron haber vendido más participaciones de las que ahora reconocían.
En respuesta a las acusaciones, los jóvenes afirmaron que no intentaron engañar a nadie y que están dispuestos incluso a mostrar sus cuentas bancarias para demostrar su honestidad. Para ellos, lo más duro es darse cuenta de que, debido a esta situación, han perdido a sus amigos. Aquella noche estuvo cargada de emociones: ansiedad, rabia, decepción. Muchos de los asistentes a la reunión se fueron a casa en silencio, evitando mirarse a los ojos.
Un acuerdo frágil
Finalmente, tras largas discusiones, la comisión y los poseedores de los boletos ganadores llegaron a un compromiso. Los jóvenes organizadores renunciaron a su parte del premio para no agravar el conflicto y mantener la paz en el pueblo. Sin embargo, ni siquiera esta decisión logró disipar completamente la tensión. El monto al que renunciaron no cubre la pérdida total: faltan hasta cuatro millones por repartir. Se decidió que la suma faltante se compensaría mediante un pequeño porcentaje que se descontará de los demás boletos premiados.
Pero incluso aquí hubo desacuerdos. Algunos vecinos aseguran que el porcentaje será del 10 %, otros hablan del 5 %. Nadie sabe con certeza la cifra exacta a la que renunciaron los organizadores: según distintas estimaciones, se trata de entre 1,2 y 2 millones de euros. No existe un documento oficial que respalde este acuerdo: todo se decidió bajo la emoción, a mano alzada y sin garantías por escrito.
Dudas y desconfianza
Por la noche, cuando las emociones se calmaron un poco, las conversaciones continuaron en el último bar abierto del pueblo. Algunos todavía dudan de que lo ocurrido haya sido un simple error. En el ambiente flota la sospecha: ¿acaso alguien quiso quedarse con el premio? Sin embargo, la mayoría tiende a pensar que fue un error humano y no una mala intención.
Los vecinos reconocen que nadie esperaba un desenlace así; al fin y al cabo, pocos creen que su billete realmente será el premiado. Sin embargo, queda una sombra de desconfianza. Los jóvenes organizadores aseguran que la mayoría del pueblo los respalda y que los descontentos son minoría. Confían en que Villamanín sea recordado no como el pueblo donde un premio generó conflicto, sino como un lugar donde la gente supo llegar a un acuerdo.
Las voces del pueblo
Esa tarde, en las calles de Villamanín, no se hablaba de otra cosa. Julia González, de 14 años, opina que sin el sorteo la vida en el pueblo sería mucho más aburrida. Asegura que lo importante no es el tamaño del premio, sino que todos reciban algo. La dueña del bar, Ángela, de 25 años, recoge los vasos tras una larga jornada y señala que al pueblo todavía le esperan muchos desafíos.
La historia de la lotería aún no ha terminado. Quedan por delante aclaraciones, nuevos debates y, quizá, más decisiones. Pero ya es evidente que este día ha sido uno de los más difíciles para Villamanín en los últimos años.












