
La preservación de razas animales raras adquiere cada vez mayor relevancia en España, donde la desaparición de especies tradicionales amenaza tanto la biodiversidad como el patrimonio cultural del país. En Toledo, el monasterio de San Antonio de Padua se ha convertido en uno de los principales bastiones para la protección del conejo gigante español, actualmente al borde de la extinción. Esta iniciativa es clave para el futuro del sector agrícola y la conservación de recursos genéticos únicos.
Una raza en peligro
Según El País, en 2024 solo quedaban 67 hembras puras de conejo gigante español. En el monasterio residen 20 hembras y 16 machos, lo que convierte este lugar en uno de los mayores reservorios de la raza en el país. La hermana Consuelo Peset, natural de Valencia, donde tradicionalmente se criaban estos animales, impulsó el trabajo de conservación a gran escala. Su experiencia y conocimientos permitieron crear una población estable a pesar de las dificultades y recursos limitados.
Desde 2026, el monasterio colabora con la Universidad Complutense de Madrid para evitar la degeneración de la raza y mantener su pureza. El proyecto se centra en el control de genealogías y el intercambio de ejemplares entre diferentes granjas, lo que previene la consanguineidad. Esto ayuda a mantener la diversidad genética y la viabilidad de la población.
Tradición y desafíos actuales
El conejo gigante español ha sido reconocido oficialmente por el Ministerio de Agricultura como una raza autóctona y en peligro de extinción. En el pasado, esta especie estaba ampliamente presente en los hogares, pero desde la década de 1970 fue desplazada por híbridos más productivos, enfocados en la producción masiva de carne. Sin embargo, según la hermana Peset, el conejo gigante fue durante mucho tiempo clave para la seguridad alimentaria de muchas familias gracias a su alto rendimiento cárnico y bajo porcentaje de huesos.
En el monasterio se han creado condiciones especiales para los animales: la temperatura se mantiene entre 16 y 23 grados, y se realizan limpiezas y desinfecciones periódicas. Cada año se destinan hasta 7.000 euros en alimentación y medicamentos, parte de ellos provenientes de donaciones y del apoyo de las autoridades locales. En 2026, el monasterio recibió una subvención para la adquisición de nuevas jaulas de engorde, lo que permitió mejorar las condiciones de alojamiento.
Retos y perspectivas
La hermana Peset y sus compañeras no buscan la cría comercial ni la producción masiva de carne. Su objetivo principal es preservar la raza para las futuras generaciones y mantener los métodos tradicionales de agricultura. Los ejemplares excedentes se entregan a asociaciones especializadas y granjas particulares que cuentan con la debida autorización para la cría. Para coordinar el intercambio, utilizan un grupo específico en mensajería donde se informa sobre los conejos disponibles, sus chips y estado de vacunación.
Actualmente, el monasterio alberga 36 conejos adultos y unos 40 ejemplares jóvenes. Cuando se supera este número, parte de los animales se transfieren a otros criadores. Según representantes de las autoridades locales, preservar el conejo gigante es importante no solo desde el punto de vista genético, sino también para transmitir tradiciones y conocimientos a las nuevas generaciones de agricultores.
Contexto y acontecimientos recientes
En los últimos años, España ha incrementado sus esfuerzos para conservar razas animales raras, especialmente ante la disminución de la población rural y la desaparición de explotaciones tradicionales. Proyectos similares se desarrollan en Galicia y Castilla y León, donde agricultores locales e instituciones científicas colaboran para proteger las especies autóctonas. En 2025, Valencia creó el registro nacional de razas raras, lo que ha permitido mejorar la coordinación entre los criadores y el Estado. Estas iniciativas contribuyen no solo a conservar la biodiversidad, sino también al desarrollo de una agricultura sostenible en las regiones de España.












