
Un inesperado escándalo sacude el centro logístico de Mercadona en Ribarroja, y ya es tema de debate en todo el país. Un empleado que dedicó más de cuarenta años a la empresa se ha visto envuelto en una polémica después de ser despedido por comerse, durante su descanso, una bolsa de snacks que costaba apenas un euro. El caso ha provocado un intenso debate tanto entre los trabajadores de la cadena como entre expertos en derecho laboral.
Todo ocurrió en una jornada laboral habitual, cuando un hombre que ocupaba el puesto de gerente de categoría A y cobraba más de dos mil euros al mes decidió tomar un tentempié en su lugar de trabajo. Sus acciones no pasaron desapercibidas: un supervisor lo vio abrir una caja de Trigos Snacks y esconder uno de los paquetes bajo su chaleco. Poco después, fue llamado a conversar con la dirección, ante quienes admitió inmediatamente su culpa. En el área donde sucedió el incidente no había cajas registradoras, algo que sabían perfectamente todos los empleados.
Investigación interna
Tras el incidente, la empresa realizó una investigación interna. Se elaboró un informe detallado que sirvió de base para el expediente disciplinario. La dirección de Mercadona calificó el hecho como una falta grave, subrayando que no se trataba del valor del producto, sino de una infracción de principios y de la confianza. En la carta de despido se recordó que todos los empleados reciben formación específica en la que se les explica que está terminantemente prohibido coger o consumir productos sin pagarlos, incluso si se trata de mercancía retirada o dañada.
El empleado intentó impugnar la decisión de la empresa. Primero presentó una solicitud de conciliación, pero no se llegó a un acuerdo. Luego interpuso una demanda ante el juzgado, alegando que la sanción era desproporcionada con respecto a la falta, ya que no causó ningún daño grave a la compañía y que debían haberse tenido en cuenta sus circunstancias personales y su estado de salud.
Drama judicial
Sin embargo, el juzgado de primera instancia no falló a favor del trabajador. La decisión fue clara: el despido se consideró legal. Entonces, el hombre recurrió al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, con la esperanza de que se revisara el caso. Pero también recibió una negativa.
Los magistrados subrayaron que este tipo de comportamiento se califica como una infracción muy grave según el convenio colectivo y el código laboral. Incluso si el valor de la mercancía es mínimo, el simple hecho de engañar y la pérdida de confianza resultan decisivos. Esto cobra especial importancia para aquellos empleados que ocupan puestos de responsabilidad. La sentencia destaca que es imposible restablecer la confianza después de un incidente así y que las circunstancias personales no pueden ser una justificación.
Consecuencias para todos
Este caso ha desatado un intenso debate entre los empleados de grandes cadenas y expertos en derecho laboral. Muchos se preguntan si es justo despedir a una persona con años de experiencia por una falta tan insignificante. La dirección de Mercadona, por su parte, insiste en el estricto cumplimiento de las normas y considera que solo así se puede mantener la disciplina y la confianza dentro del equipo.
En la sentencia, el tribunal recordó que para un despido disciplinario no es necesario que exista un perjuicio económico considerable si se trata de una falta de lealtad y honestidad. Los jueces no tuvieron en cuenta ni la edad, ni el estado de salud del trabajador, ni sus méritos dentro de la empresa. Para Mercadona, este caso se convirtió en una especie de mensaje para toda la plantilla: incluso la infracción más leve puede acarrear consecuencias muy graves.
Reacción y debate
El despido de un empleado experimentado por una sola bolsa de snacks ya ha generado intensos debates en círculos profesionales. Algunos consideran que la empresa actuó con excesiva dureza, mientras que otros sostienen que las normas deben aplicarse por igual a todos, sin importar la antigüedad ni los méritos. En cualquier caso, este episodio ilustra cómo los estándares corporativos y las normativas internas pueden cambiar el destino de una persona en cuestión de minutos.
Mientras unos analizan los detalles del caso, otros se preguntan si este precedente llevará a un endurecimiento del control en otras empresas. El tiempo dirá cómo evolucionará la actitud ante situaciones similares en el futuro, pero ya es evidente: la confianza entre empleador y empleado es algo frágil y fácil de romper.











