
En España existen tradiciones que desafían el paso del tiempo, y una de las más arraigadas es la celebración navideña en familia con una mesa repleta de delicias. La reina Letizia, a pesar de su estatus y su apretada agenda, nunca falta a este ritual acogedor: cada año acude con su familia a la casa de su padre, Jesús Ortiz, para compartir la cena festiva y disfrutar del famoso postre navideño roscón de Reyes. No se trata solo de una comida, sino de un momento especial en el que incluso los monarcas se convierten en personas comunes, olvidando protocolos y compromisos oficiales.
Esta vez, tras la solemne Pascua Militar en el Palacio Real, donde Letizia brilló con un elegante conjunto y el rey Felipe y la princesa Leonor lucieron uniforme militar, la familia se dirigió a Pozuelo de Alarcón. Es aquí, en la casa de Jesús Ortiz, donde los más allegados se reúnen para pasar la velada en un ambiente cálido, lejos de las cámaras y los focos.
Círculo familiar
Este año no todos se sentaron a la mesa festiva. La madre de la reina, Paloma Rocasolano, no acudió al encuentro, a pesar de mantener una buena relación con su exesposo y de haberse trasladado recientemente de Murcia a Madrid junto a su nueva pareja, el empresario británico Marcus Brandler. En cambio, la hermana de Letizia, Telma Ortiz, llegó acompañada de sus hijas, aunque hace poco fue vista junto a su expareja, el abogado Robert Gavin Bonnar, de quien se separó hace apenas unos meses.
La familia real al completo — Felipe, Letizia, Leonor y Sofía — llegó en coche, como cualquier familia normal, sin ostentación. El Rey iba al volante, Letizia a su lado y las hijas sentadas detrás. La princesa Sofía, por cierto, no asistió a la Pascua Militar, pero se sumó encantada a la cena familiar. Los paparazzi apenas lograron captar el momento: la familia real procura proteger su vida privada de las miradas ajenas.
Tradiciones y delicias gastronómicas
El protagonista de la noche, como es tradición, fue el roscón de Reyes, el clásico pastel español que, según cuentan, Jesús Ortiz encarga siempre sin nata en una conocida pastelería madrileña. Alrededor de la mesa no solo se comparte el postre, también se intercambian regalos, aportando un ambiente cálido a la reunión. En esos momentos, incluso las personas más influyentes del país se convierten simplemente en familia, para quienes lo más importante es estar juntos.
Se conocen pocos detalles sobre la velada, ya que la familia prefiere no hacer públicos los aspectos de su vida privada. Sin embargo, está claro que para Letizia y los suyos esta noche no es un mero trámite, sino una pieza fundamental de su historia familiar, que cuidan y transmiten de generación en generación.
Planes de futuro
Tras un breve descanso en familia, la reina y el rey retoman sus responsabilidades. Esta misma semana, Letizia participará en la ceremonia de entrega de un prestigioso premio de periodismo, mientras que Felipe encabezará una importante conferencia diplomática. A pesar de su apretada agenda, siempre encuentran tiempo para sus seres queridos, lo que genera respeto incluso entre los observadores más escépticos.
Esta forma de vida es poco común entre las monarquías europeas. La familia real española demuestra que las tradiciones y los valores familiares pueden convivir con la modernidad y los asuntos de Estado. Esto no solo refuerza su imagen, sino que los acerca aún más al pueblo.











