
En Madrid crece la polémica en torno al futuro de una de las últimas fincas históricas de la ciudad. La decisión de urbanizar el terreno, donde crecen cientos de almendros, podría llevar a la desaparición de un rincón natural e histórico único. Para los vecinos del barrio no es solo un asunto de arquitectura: se trata de conservar parte del patrimonio cultural y una zona verde cada vez más escasa en la capital.
El proyecto, aceptado a trámite por el ayuntamiento en 2024, contempla la construcción de oficinas sobre la finca del siglo XVIII y parcelas adyacentes. Los terrenos son propiedad de la organización religiosa Madres Adoratrices, de la empresa francesa Therus Investment SL y también del propio municipio. Según El País, la iniciativa ha generado una oleada de rechazo entre vecinos y activistas, que ya han reunido más de 6 000 firmas para preservar el área. La asociación Salvar Hortaleza organiza nuevas reuniones para visibilizar el problema y reclamar la protección de la finca.
Valor histórico
La finca Huerta de Mena ocupa un lugar especial en la historia del barrio. Sus primeras referencias datan del siglo XVIII, cuando la tierra pertenecía a Eugenio de Mena. A finales del siglo XIX pasó a manos de Rafael Gasset Chinchilla y, posteriormente, del conocido dramaturgo Carlos Arniches. En esa época, la finca se convirtió en un centro de vida cultural, frecuentado por personalidades de la élite intelectual, incluido el poeta Rafael Alberti. Aquí, según El País, se escribieron poemas que forman parte de la colección «Sobre los ángeles».
El cambio de propietarios no alteró lo esencial: la finca siguió siendo un punto de encuentro entre la tradición rural y la cultura urbana. La arquitecta Concha Diez-Pardo y la arqueóloga Rosa Domínguez realizaron un estudio que confirma el valor histórico del lugar. Destacan que la finca refleja el carácter de las explotaciones suburbanas de Madrid de los siglos XVIII y XIX, y que su desaparición representaría una pérdida irreparable para la ciudad.
Riesgos medioambientales
Además de su valor cultural, la finca es clave para el ecosistema del barrio. En sus 36.000 metros cuadrados crecen más de 200 árboles, como almendros, olmos y ailantos. Los activistas temen que el desarrollo del proyecto provoque una tala masiva y la desaparición de esta zona verde, que podría convertirse en un nuevo parque para los vecinos. A pesar de las promesas de conservar parte de la vegetación, la población duda de que los árboles se mantengan en la versión final del proyecto.
En febrero de 2025, la asociación Salvar Hortaleza entregó oficialmente una petición con firmas al Ministerio regional de Cultura. Las autoridades de Madrid estudian la posibilidad de declarar la finca Bien de Interés Cultural, pero la decisión se retrasa. Según representantes de la administración, se realizan más estudios sobre las características arquitectónicas y arqueológicas del edificio y sus terrenos.
Desacuerdos políticos
La protección de la finca Huerta de Mena ha generado un intenso debate político. En febrero de 2025, los concejales del Partido Popular rechazaron la propuesta de Más Madrid de proteger íntegramente el lugar, pese al respaldo de Vox y PSOE. Un informe técnico, encargado previamente por el Gobierno de Madrid, recomendó declarar la finca como monumento, pero sus conclusiones no se aplicaron. Así, la protección solo alcanza algunos elementos —el edificio principal y el jardín— mientras el resto de la zona sigue amenazada por nuevos desarrollos inmobiliarios.
El Ayuntamiento de Madrid tampoco apoyó la iniciativa para incluir la finca en el catálogo de bienes patrimoniales, argumentando que el nuevo plan urbanístico puede ser compatible con una eventual protección. Esta postura genera incertidumbre y no garantiza la preservación del complejo histórico. Arquitectos e investigadores alertan de que la pérdida de la Huerta de Mena supondría un golpe para la memoria histórica de la ciudad y haría desaparecer un espacio verde único para el barrio.
En los últimos años, se han producido en España varios casos controvertidos en torno a la preservación de bienes históricos amenazados por nuevos proyectos de construcción. En Valencia y Barcelona, los vecinos también protestaron contra el derribo de edificios antiguos para usos comerciales. Estos conflictos sociales impulsan campañas y revisiones de planes urbanísticos, pero no siempre logran frenar la desaparición del patrimonio. El reto de equilibrar el desarrollo urbano y la protección de los valores culturales sigue siendo un tema relevante en muchas regiones del país.












