
La noche del domingo en la estación Madrid-Puerta de Atocha se convirtió en una pesadilla para ferroviarios y pasajeros. Tras el choque de un tren Alvia con un convoy de Iryo, que había descarrilado en la zona de Adamuz, la comunicación con el maquinista de Alvia se perdió de repente. Los operadores del centro de control intentaron llamarlo dos veces, pero no recibieron respuesta. Más tarde se supo que el maquinista falleció en el momento del accidente.
En ese momento crítico, la interventora del tren —una empleada que se encontraba en el vagón de Alvia— se convirtió en el único nexo entre los heridos y el centro de control. Pese a una herida sangrante en la cabeza, asumió la responsabilidad de informar sobre el accidente. Su voz, cargada de preocupación, resonó en la radio: «Tengo sangre en la cabeza, intentaré hablar con el maquinista».
Los primeros minutos tras el impacto
Mientras los operadores intentaban, sin éxito, contactar con el maquinista, un técnico se dirigió a la interventora a través del sistema interno de comunicación. Le pidió que comprobara el estado del maquinista e intentara pasarle el teléfono. La respuesta llegó sin dramatismos, pero con evidente tensión: «Yo también he recibido un golpe en la cabeza. Me sale sangre. Soy la interventora y también estoy herida. No sé si podré llegar a la cabina. Voy a intentar hablar con el maquinista».
En ese momento, se recibió otra llamada en la radio, esta vez del maquinista de Iryo. Informó de un ‘enganche’, sin ser consciente de que se había producido una colisión. Todo sucedía muy rápido y ninguno de los implicados comprendió de inmediato la magnitud de la catástrofe.
La reacción del centro de control
El ministro de Transportes y Movilidad Óscar Puente confirmó que el centro de control en Atocha intentó comunicarse con el maquinista del Alvia. Tras recibir el aviso de una incidencia por parte del conductor de Iryo, los operadores trataron de contactar de inmediato al segundo maquinista. Al no obtener respuesta, recurrieron al interventor para averiguar qué sucedía a bordo del tren.
Puente subrayó que la colisión se produjo apenas nueve segundos después del descarrilamiento del tren Iryo. El maquinista de ese convoy ni siquiera percibió el choque y no pudo informar a los operadores de la gravedad de la situación. Solo tras conversar con el interventor, el centro de control comprendió la magnitud real del incidente.
Caos e incertidumbre
En los primeros minutos tras el accidente ferroviario reinaban el caos y la incertidumbre. Nadie sabía cuántos heridos había, cuál era la magnitud de los daños ni qué medidas tomar a continuación. A pesar de sus propias lesiones, la interventora intentó llegar hasta la cabina del maquinista para comprobar su estado. Su determinación y entrega resultaron decisivas en estos momentos críticos.
Paralelamente, los operadores continuaron coordinando las labores de rescate y tratando de recopilar la mayor cantidad posible de información sobre lo ocurrido. Cada llamada y cada mensaje podían ser fundamentales para salvar vidas.
Consecuencias de la tragedia
El accidente en Adamuz vuelve a poner en tela de juicio la seguridad del transporte ferroviario en España. Surgen interrogantes sobre el sistema de comunicación, la velocidad de reacción y la formación del personal, ahora discutidos al más alto nivel. La historia de la interventora, que pese a su lesión fue la primera en alertar sobre la catástrofe, se ha convertido en símbolo de resistencia humana y profesionalismo.
Las autoridades han prometido realizar una investigación exhaustiva de todas las circunstancias de la tragedia. Sin embargo, para muchos testigos y protagonistas, esos minutos quedarán grabados en la memoria como ejemplo de cómo una mujer decidida pudo cambiar el curso de los acontecimientos en el momento más crítico.
Anteriormente ya contamos sobre los primeros minutos tras el siniestro en Adamuz. En aquel momento se publicaron grabaciones de audio inéditas de las comunicaciones entre empleados del ferrocarril y los controladores. En el lugar del accidente reinaban el caos y la incertidumbre, y cada persona implicada intentaba entender lo que sucedía. Más detalles en el reportaje «Los primeros minutos tras el accidente: grabaciones de las comunicaciones en el lugar del descarrilamiento en Adamuz».












