
En los últimos años, los agricultores de las Islas Baleares se enfrentan a un serio problema: la población de palomas torcaces ha aumentado drásticamente, lo que afecta negativamente a la agricultura de la región. Las aves se agrupan en los campos, destruyendo cultivos de cereales, viñedos y olivares. Los métodos habituales para ahuyentarlas ya no son efectivos, y el regreso constante de las aves a las zonas de alimentación se ha convertido en un quebradero de cabeza para los agricultores locales.
La situación se agravó desde el verano pasado. En julio de 2024, en Ibiza se declaró por segundo año consecutivo el régimen de caza de emergencia de palomas. La causa no solo fueron las pérdidas económicas de los agricultores, sino también el aumento de colisiones de aves con aviones en el aeropuerto. Esta semana, las autoridades de Formentera extendieron la temporada de caza autorizado para reducir la población de palomas. Se espera que durante este periodo se capturen unas 2.000 aves. Medidas similares fueron adoptadas en Mallorca, donde también por segundo año consecutivo se declaró la emergencia cinegética y se abrió una temporada adicional de caza.
Según representantes de las administraciones locales, las palomas se han convertido en una plaga para la agricultura. Se alimentan prácticamente de todo tipo de cultivos y se reproducen rápidamente, lo que dificulta el control de su población. Desde mayo de 2024 están en vigor medidas especiales para proteger las cosechas en las islas, sin embargo la situación sigue siendo complicada y todavía no se han encontrado soluciones a medio plazo.
Expertos señalan que las palomas habitaban tradicionalmente en bosques, pero desde finales del siglo XX han comenzado a instalarse activamente en ciudades y suburbios. En estos lugares encuentran abundancia de alimento y agua, lo que favorece su rápida reproducción. Además, las palomas tienen un largo periodo reproductivo y una alta capacidad de adaptación a nuevas condiciones. Estos factores han provocado un fuerte aumento de su población y la colonización de nuevos territorios, incluyendo zonas habitadas.
Otra razón para el crecimiento de la población se atribuye a las características del ecosistema insular. En las Islas Baleares hay pocos depredadores naturales de las palomas, como las aves rapaces, y el clima seco favorece la aparición de grano seco, especialmente atractivo para estas aves. Como resultado, las palomas han dejado de ser visitantes estacionales y ahora permanecen en las islas durante todo el año.
Debido a la proliferación masiva de las palomas, su importancia como especie cinegética ha disminuido, mientras que los daños a la agricultura siguen aumentando. Agricultores señalan que el problema solo se hizo evidente para la opinión pública después de que las aves empezaran a aparecer en las zonas costeras, aunque llevan años causando perjuicios en los campos.
Las autoridades y los especialistas siguen buscando métodos eficaces para controlar la población de palomas con el fin de proteger las cosechas y reducir los riesgos para la infraestructura. Sin embargo, por ahora la principal medida sigue siendo la ampliación de los periodos de caza y la introducción de restricciones temporales al movimiento de aves cerca de las zonas agrícolas.












