
El camino para crear hogares para personas sin techo
En la capital de España, Javier, un joven de 27 años, logró poner en marcha tres casas propias y un piso de alquiler para ofrecer alojamiento temporal a quienes se quedaron en la calle. Su proyecto no nació de una herencia ni de inversiones, sino de un trabajo incansable: trabajaba hasta 16 horas al día combinando varios empleos para reunir el capital inicial. El primer inmueble lo compró gracias a sus ahorros y al dinero obtenido por la venta de un libro de autoría propia, donde compartía reflexiones y experiencias personales.
La compra del segundo piso, situado en el barrio de Carabanchel, fue posible gracias a un crédito bancario, préstamos personales de amigos y el apoyo de su familia. A pesar de que, tras la primera operación, Javier apenas tenía 32 euros en su cuenta, no se rindió y logró conseguir los fondos necesarios para continuar con el proyecto. En 2024 se sumó otra vivienda más a la iniciativa y, posteriormente, una casa en Alcorcón, adquirida ya mediante una hipoteca. En cada caso, el joven buscó soluciones poco convencionales para superar las dificultades económicas.
Gestión cotidiana y apoyo a los residentes
En las viviendas gestionadas por Javier viven tanto jóvenes como adultos que atraviesan situaciones difíciles. Él reside en uno de los pisos con su esposa y su hijo recién nacido, compartiendo espacio con los nuevos inquilinos. La selección de candidatos es estricta: solo se aceptan personas que no tengan adicciones graves ni enfermedades mentales, y que estén dispuestas a compartir la vida en comunidad y seguir las normas. Los nuevos residentes cuentan con un periodo de prueba y, posteriormente, un proceso de adaptación de seis meses con objetivos concretos: mantener el orden, participar en actividades, aprender español y recibir formación profesional.
La contribución financiera de los residentes depende de sus posibilidades: algunos no pagan nada si no tienen ingresos, y otros cubren parte de los gastos. Cuando una persona logra estabilizar su vida, se le propone mudarse a una vivienda independiente para liberar espacio a quien lo necesite. Desde el inicio del proyecto, 32 personas han pasado por estas casas y la mayoría ha logrado empezar de nuevo.
Dificultades e iniciativas adicionales
No faltan situaciones complicadas: a veces, los residentes incumplen acuerdos, se niegan a dejar la vivienda o esconden que reciben ayudas sociales. En un caso, el desalojo duró medio año, y tras irse, los inquilinos se llevaron parte del mobiliario. Sin embargo, según Javier, las historias positivas son muchas más, y son ellas las que motivan a seguir adelante.
El proyecto no se limita a ofrecer un techo. Javier impulsa líneas adicionales: abre un quiosco de prensa, organiza sesiones fotográficas en eventos y colabora con organizaciones sociales donde antiguos sintecho pueden encontrar trabajo en bodas y celebraciones. Los ingresos de la venta de libros y nuevos proyectos creativos se destinan al desarrollo de la iniciativa y a cubrir sus gastos.
Mirada al futuro y mensaje para la juventud
Javier subraya que no busca acumular bienes materiales. Su objetivo es que las casas sigan ayudando a quienes pasen por momentos difíciles, incluso cuando él ya no esté al frente del proyecto. A los jóvenes les recomienda invertir su tiempo y recursos en causas que importan, no solo en lo material. Entre sus próximos planes está escribir un libro infantil, cuyos beneficios apoyarán nuevas iniciativas sociales.












