
El exrey de España, Juan Carlos I, comparte en sus memorias su visión personal sobre la cuestión catalana, que, según él, se ha convertido en uno de los mayores desafíos para el país en las últimas décadas. Recuerda que, incluso antes de la aprobación de la Constitución, no solo preocupaban los nacionalistas vascos, sino también las ambiciones catalanas, que en su opinión eran menos visibles, pero mucho más persistentes. En el libro reconoce: «Cataluña siempre fue más difícil de gobernar que el País Vasco». Con el paso de los años, considera el exmonarca, sus temores solo se confirmaron.
Los recuerdos de Juan Carlos abarcan el periodo desde la caída del régimen de Franco hasta los acontecimientos de 2017, cuando Cataluña intentó celebrar un referéndum de independencia. Señala que muchos catalanes han olvidado que en su momento apoyaron la Constitución, a la que ahora rechazan. A su juicio, las acciones de los políticos catalanes en octubre de 2017 supusieron un reto al orden constitucional y a la unidad del país.
Camino hacia la reconciliación
El rey relata con detalle su participación en la restauración de la autonomía catalana. En 1977 invitó a Madrid a Josep Tarradellas, quien había pasado muchos años exiliado en Francia, para que asumiera el mando de la restaurada Generalitat. Este gesto se convirtió en símbolo de reconciliación y en reconocimiento del papel histórico de Cataluña en la nueva España. Juan Carlos subraya que el regreso de Tarradellas fue no solo un gesto, sino también una decisión política crucial que permitió integrar a los líderes catalanes en el proceso nacional.
Recuerda cómo, junto al entonces presidente Adolfo Suárez, discutía los detalles del futuro estatuto de Cataluña. Aunque las negociaciones no fueron sencillas, la presencia de Tarradellas en Barcelona fue una señal importante para todas las partes. El Rey destaca que aquel periodo estuvo marcado por la esperanza en la unidad y el consenso, cuando el pasado daba paso al futuro.
Nacionalismo catalán
En un capítulo aparte de sus memorias, Juan Carlos analiza el auge del nacionalismo catalán y el papel de Jordi Pujol, quien dirigió la Generalitat durante más de dos décadas. Según el exmonarca, Pujol construyó de forma constante una nueva identidad para la región, promoviendo la lengua y la cultura catalanas, así como transfiriendo a miles de funcionarios del sistema español al catalán. Esto, según Juan Carlos, llevó a una especie de aislamiento de la región, hasta el punto de que incluso los lazos económicos con el resto de España comenzaron a percibirse como comercio exterior.
Señala que Pujol supo negociar con Madrid consiguiendo para Cataluña cada vez más competencias. Sin embargo, el Rey subraya que siempre intentó marcar los límites de lo aceptable para mantener el equilibrio entre la autonomía y la unidad del país. Al recordar la crisis de 2017, asocia sus raíces a la decisión de 1983, cuando una ley orgánica equiparó los derechos de todas las autonomías, lo que generó malestar en las regiones históricas.
Crisis de 2017
Juan Carlos analiza en detalle los acontecimientos que llevaron al referéndum del 1 de octubre de 2017. Recuerda que en 2006 se aprobó un nuevo estatuto para Cataluña, que posteriormente fue considerado parcialmente inconstitucional. Esta decisión del Tribunal Constitucional provocó protestas masivas y marcó el inicio de una nueva etapa del independentismo. En 2012, las demandas de mayor autonomía volvieron a intensificarse y, cinco años después, Cataluña intentó celebrar un referéndum unilateral.
Aunque para entonces Juan Carlos ya no ocupaba el trono, respaldó la postura firme de su hijo, el rey Felipe VI, quien se dirigió a la nación con un discurso contundente. El exmonarca reconoce que se sintió traicionado: una región que siempre fue símbolo de apertura y dinamismo se había transformado en un lugar donde discrepar con los nacionalistas resultaba peligroso.
Visión personal
En sus memorias, Juan Carlos comparte experiencias personales sobre cómo ha cambiado el clima en Cataluña. Destaca que, pese a años de esfuerzos por la reconciliación y la integración, la región se transformó en un entorno donde la disidencia empezó a percibirse como traición. El rey subraya que siempre ha defendido el diálogo, pero considera inaceptables el chantaje y la discriminación por motivos de identidad. A su juicio, solo el respeto a la diversidad puede ser la base para el futuro.
Incluso viviendo en el exilio en Abu Dabi, Juan Carlos sigue de cerca los acontecimientos en Cataluña con preocupación y desilusión. Recuerda cómo en 1992 Barcelona acogió los Juegos Olímpicos y la región era un ejemplo para todo el país. Entonces, según él, no había ni atentados ni escándalos políticos, y Cataluña se convirtió en símbolo de éxito y apertura.
El legado olímpico
El rey recuerda con cariño la preparación y celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona, que apoyó junto a Juan Antonio Samaranch. Destaca la labor del entonces alcalde Pasqual Maragall, quien transformó la ciudad y la convirtió en un referente mundial. Según Juan Carlos, esos años marcaron un periodo en el que Cataluña y toda España podían sentirse orgullosos de sus logros.
Al concluir sus recuerdos, el exmonarca expresa su esperanza de que algún día en Cataluña o en otra parte del país surja un evento capaz de unir a las personas como lo hicieron los Juegos Olímpicos de 1992. Sin embargo, duda de que el clima político actual sea favorable para ello.
Cabe recordar que Juan Carlos I ocupó el trono español desde 1975 hasta 2014 y jugó un papel clave en la transición a la democracia tras la dictadura de Franco. Su labor incluyó la restauración de las autonomías, entre ellas la Generalitat de Cataluña, y el fortalecimiento de la unidad nacional. Tras abdicar, el rey reside fuera de España, pero sigue de cerca la actualidad de su país.












