
Próximamente en España podría cambiar el modelo habitual de financiación de los medios de comunicación. Las autoridades del país planean imponer estrictas limitaciones al porcentaje de ingresos que los medios pueden percibir de campañas publicitarias financiadas por el Estado. Esta decisión responde a la necesidad de reducir la dependencia económica de las redacciones respecto a fondos públicos y de aumentar la transparencia en la estructura de propiedad de los medios. Para muchos españoles, estos cambios suponen una posible disminución de la influencia política en el espacio informativo y un mayor grado de confianza en las noticias.
Restricciones y nuevas exigencias
Según informa El País, el proyecto de ley contempla dos cambios clave. En primer lugar, todas las agrupaciones mediáticas, independientemente de su tamaño, estarán obligadas a revelar información sobre sus propietarios. En segundo lugar, ningún medio podrá obtener más del 35% de sus ingresos de publicidad pagada por organismos estatales. Esta medida busca evitar que ciertos medios funcionen casi exclusivamente gracias a fondos públicos, sin contar con una audiencia significativa o anunciantes privados.
Anteriormente se debatió un límite más estricto del 30%, pero tras la revisión del documento, el umbral se elevó al 35%. Según los cálculos del gobierno, las grandes y reconocidas redacciones no se verán afectadas, ya que sus ingresos por publicidad estatal suelen estar por debajo del límite establecido. Sin embargo, para varios medios pequeños, que según las autoridades a menudo son utilizados como herramienta de influencia por parte de ciertos grupos políticos, las nuevas reglas podrían resultar críticas.
Reacción y posibles consecuencias
La introducción de estas restricciones ha generado un intenso debate entre representantes de los medios y la clase política. Algunos partidos, como el PP y Vox, ya han expresado su rechazo a la iniciativa, calificándola de intento de censura y una amenaza a la libertad de expresión. Por su parte, el gobierno destaca que el proyecto de ley cumple con los estándares europeos recogidos en recientes resoluciones de la UE y que su objetivo es proteger a los ciudadanos de manipulaciones y de la difusión de información falsa.
Especial atención se presta a los detalles de la futura normativa. Las autoridades no descartan que algunas administraciones intenten eludir la prohibición utilizando estructuras subsidiarias o afiliadas para difundir publicidad. Por ello, el texto final de la ley seguirá ajustándose tras consultas públicas y aportaciones de expertos. Según El País, el debate sobre los detalles podría prolongarse, y la aprobación de la norma se complica por la situación política en el parlamento.
Contexto y experiencia europea
El responsable designado para preparar la reforma es el ministro de Transformación Digital, Óscar López. Supervisa no solo los temas de transparencia en los medios, sino también la lucha contra la desinformación, las noticias falsas y el uso indebido de la inteligencia artificial. En los últimos meses, estos asuntos han sido discutidos activamente en foros internacionales, incluido el foro sobre inteligencia artificial en New Delhi, donde la delegación española abordó cuestiones de regulación del entorno digital.
Como parte de una reforma más amplia, las autoridades también evalúan endurecer las normas para las redes sociales, restringir su acceso a menores de edad e introducir responsabilidades por la difusión de contenidos falsos, incluidos los llamados deep fakes. Según El Pais, el gobierno considera que sin reglas claras el mercado mediático se vuelve vulnerable a manipulaciones y la confianza en las noticias disminuye.
Dificultades políticas
La implementación de las nuevas normas se complica por el enfrentamiento político. Los votos clave en el Parlamento pertenecen a Junts, partido que se niega a respaldar las iniciativas del gobierno y no participa en negociaciones. Como resultado, las posibilidades de una rápida aprobación de la ley son bajas, especialmente teniendo en cuenta que la oposición defiende activamente los intereses de los pequeños medios, que obtienen una parte considerable de sus ingresos de la publicidad estatal.
En los últimos años, en España ya se habían realizado intentos para limitar la influencia de los fondos estatales en los medios, pero ninguno había provocado cambios de tal envergadura. Ahora, la situación se ha agravado debido al aumento de publicaciones con indicios de desinformación y al incremento de la polarización política en la sociedad.
En otros países europeos existen leyes similares o se encuentran en debate. Por ejemplo, en Alemania y Francia, las autoridades también buscan aumentar la transparencia en los medios y reducir su dependencia de los presupuestos estatales. En España, esta cuestión ha cobrado especial relevancia por la elevada proporción de publicidad estatal en los ingresos de varios medios y las controversias constantes sobre la influencia política en las decisiones editoriales.











