
En la capital de España crece la preocupación: cientos de familias se enfrentan cada día a la amenaza de desahucio. Para muchos vecinos de los barrios de Vallecas, Vicálvaro, Fuencarral, Delicias y San Bernardo, el miedo a perder su hogar se ha vuelto parte de su día a día. En la sesión de noviembre del ayuntamiento, estas personas recordaron a los responsables políticos que detrás de cada desalojo hay algo más que cifras: hay historias, dignidad y derechos que exigen protección. Hoy, en Madrid, está en juego la propia idea de una vida digna.
Venta de viviendas
Las operaciones inmobiliarias recientes no han hecho más que aumentar la tensión. La fundación Fusara vendió 13 edificios residenciales, dejando a más de doscientas familias en una situación de incertidumbre. Al mismo tiempo, la fundación «La Caixa» transfirió 370 viviendas sociales, construidas en terrenos municipales, a otros propietarios. Estos hechos no son aislados: reflejan una tendencia persistente. Cuando las familias están en riesgo, las autoridades municipales guardan silencio; cuando aparecen los fondos de inversión, las decisiones se toman con rapidez.
A pesar de ello, el equipo del alcalde José Luis Almeida sigue defendiendo cifras récord de vivienda municipal. Sin embargo, tras esos titulares se esconde una realidad dura: solo hay 2,7 viviendas por cada mil habitantes. Para comparar, en Barcelona el índice es el doble, en Málaga el triple y en Bilbao, cuatro veces mayor. Estos datos raramente se escuchan en los discursos públicos del alcalde.
Déficit de construcción
La construcción de nuevas viviendas municipales en Madrid está prácticamente paralizada. Cada año se entregan no más de doscientas viviendas nuevas, una cifra insignificante para una ciudad con más de 3,5 millones de habitantes. Más de 60.000 familias se ven obligadas a esperar durante años su turno para acceder a una vivienda social. Con este ritmo, la espera se convierte en desesperanza.
Al mismo tiempo, grandes fondos de inversión llevan ya diez años imponiendo sus reglas en el mercado inmobiliario de la capital. Ahora, cuando gigantes como Blackstone, Cerberus, Ares y Azora empiezan a desprenderse de parte de sus activos, la ciudad tiene la oportunidad de recuperar su parque de viviendas. Sin embargo, como antes, el ayuntamiento no toma la iniciativa.
La experiencia de otras regiones
En otras regiones de España, las autoridades actúan de forma diferente. En Barcelona, el alcalde Jaume Collboni lleva a cabo una estrategia de ampliación del parque municipal: la ciudad compra pisos a grandes propietarios, utiliza el derecho de tanteo y protege la vivienda social de la reventa a especuladores. En Cataluña, el ministro Salvador Illa anunció la adquisición de más de mil pisos a InmoCaixa para destinarlos al alquiler asequible de manera indefinida. Esto demuestra que, cuando las autoridades quieren proteger a la ciudadanía, encuentran soluciones.
En Madrid, el gobierno regional encabezado por Isabel Díaz Ayuso lleva años sin ejercer sus competencias para aumentar el parque público de viviendas ni frenar la especulación. Recientemente, se presentó un nuevo plan de construcción que permite cambiar el uso de los suelos, pero que no regula los precios ni limita la actividad de los grandes actores del mercado. El Gobierno regional también ignora la ley de control de alquileres y la identificación de zonas tensionadas.
Propuestas e inacción
Los socialistas en el Ayuntamiento han propuesto varias medidas: la mediación inmediata para evitar desahucios, la creación de un protocolo que prohíba la venta sin control de vivienda social y el uso del derecho de tanteo y retracto para recuperar viviendas en manos de fondos de inversión.
Surge una pregunta evidente: ¿por qué las autoridades municipales no actúan cuando los ciudadanos necesitan apoyo? Hoy en día, en Madrid, los especuladores se sienten más seguros que las familias comunes. No es una casualidad, sino el resultado de decisiones políticas.
Pérdida de identidad
La pérdida de viviendas para familias no es el único problema. La ciudad va perdiendo poco a poco a sus habitantes y, con ellos, su identidad. Son estas personas quienes impulsan el comercio local, dan vida a las calles y conforman el carácter único de Madrid. Si no se cuida a quienes residen aquí, la capital corre el riesgo de convertirse en un lugar sin raíces ni sentido de comunidad.
Es paradójico que el propio municipio, que posee las mayores capacidades para regular el mercado inmobiliario, renuncie a utilizar sus herramientas. Este es el principal fracaso de la política urbana. La responsabilidad recae en la actual administración.












