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Más de 20 alertas críticas en las vías férreas de España ministra rechaza auditoría

La razón detrás de la huelga ferroviaria tras una serie de incidentes

En España detectan decenas de tramos peligrosos en el ferrocarril. La ministra rechaza una revisión independiente. Maquinistas reducen la velocidad y preparan huelga.

La red ferroviaria española ha quedado en el punto de mira tras detectarse numerosos daños y defectos en varios tramos. Más de veinte alertas por grietas, raíles desgastados y otros problemas continúan sin resolverse, la mayoría de ellas concentradas en Andalucía. Como consecuencia, se han impuesto límites de velocidad en estas zonas y los maquinistas se ven obligados a reducir por sí mismos la velocidad de los trenes por temor a nuevos accidentes.

Preocupa especialmente la línea 400, que une Alcázar de San Juan y Cádiz, donde seis tramos con daños pendientes de reparación atraviesan ciudades como Córdoba, Sevilla y Jaén. Entre los puntos más problemáticos están los tramos en la zona de Brenes, Majarabique – Santa Justa, la terminal de mercancías de Jerez y la sección entre Pedro Abad y El Carpio.

Tramos peligrosos

La situación se agrava con informes de nuevas averías. Recientemente se detectó una grieta en el desvío 726, cerca del enlace hacia Málaga, a tan solo 40 kilómetros del lugar de la tragedia en Adamuz. En ese tramo se limitó la velocidad de los trenes a 30 km/h, pero en la larga recta de Adamuz, donde ocurrió el accidente, no se aplicaron medidas similares. Habitualmente, los trenes atraviesan el desvío en Almodóvar del Río a velocidades de hasta 220 km/h.

La geografía de las zonas problemáticas es impresionante: las señales de alerta llegan no solo desde Andalucía, sino también desde Asturias, País Vasco, Navarra, Castilla y León, Aragón, Comunidad Valenciana, Cataluña y Madrid. El informe semanal sobre el estado de las vías supera las doscientas páginas y abarca todo el país, de norte a sur y de este a oeste.

Reacción de los maquinistas

Cada semana, los maquinistas reciben informes actualizados sobre el estado de las líneas, tanto convencionales como de alta velocidad. Estos documentos detallan todas las restricciones e incidentes que pueden afectar la seguridad operacional. En los últimos meses, los conductores cada vez más suelen reducir la velocidad por iniciativa propia en tramos sospechosos, sin esperar órdenes oficiales. Tras una serie de accidentes, los sindicatos han anunciado el inicio de la preparación para una huelga general, exigiendo medidas inmediatas para garantizar la seguridad.

El malestar dentro del colectivo va en aumento: muchos consideran que la dirección ignora amenazas reales y que los intentos de encubrir el problema pueden desembocar en nuevas tragedias. La tensión crece y los maquinistas no ocultan su indignación: están cansados de arriesgar la vida de los pasajeros y la suya propia por simples reportes formales y respuestas burocráticas.

Postura de la ministra

Ante la creciente presión, el ministro de Transportes, Óscar Puente, se negó rotundamente a realizar una auditoría independiente sobre el estado de la red ferroviaria. Según afirmó, ya se han efectuado todas las inspecciones necesarias y las vías cumplen con los estándares europeos de seguridad. En rueda de prensa, el ministro recalcó: «Sabemos en qué estado se encuentra la red y conocemos todos los problemas».

Sin embargo, tras la tragedia de Adamuz en enero, donde al menos 43 personas perdieron la vida, estas declaraciones resultan poco convincentes. El ministro admitió que las fallas técnicas pueden tener graves consecuencias, pero descartó la existencia de problemas sistémicos o de una infraestructura obsoleta. A su juicio, las causas del accidente podrían ser mucho más complejas de lo que parecen a simple vista, aunque no descartó que el estado de las vías haya sido un factor.

Tensión en aumento

Mientras las autoridades insisten en que todo es seguro y los maquinistas se preparan para la huelga, los pasajeros siguen las noticias con preocupación. Cada nuevo incidente en el ferrocarril se convierte en tema de debate y controversia. Crece la desconfianza hacia los comunicados oficiales y las demandas de transparencia y auditoría independiente suenan cada vez con más fuerza.

La situación en los ferrocarriles de España no es solo un problema técnico. Es una cuestión de confianza, responsabilidad y vidas humanas. Mientras unos se conforman con inspecciones formales, otros se ven obligados a arriesgarse cada día para evitar nuevas tragedias. Y de momento, el equilibrio entre seguridad y burocracia sigue sin encontrarse.

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