
En Barcelona, la composición demográfica ha cambiado notablemente: ahora, entre los jóvenes de la ciudad predominan quienes llegaron desde otros países. Según un nuevo estudio, más de un tercio de los habitantes de la capital catalana nació fuera de España, y entre las personas de 25 a 39 años, los migrantes ya constituyen la mayoría.
El informe presta especial atención a las condiciones de vida de los recién llegados. Alrededor del 70% de los migrantes se ven obligados a alquilar vivienda, en marcado contraste con la situación de los locales, entre quienes solo el 20% vive de alquiler. Además, los gastos en vivienda y servicios básicos representan casi la mitad de los ingresos de los extranjeros, mientras que para los españoles esa proporción es dos veces menor.
Los migrantes con empleo suelen trabajar en sectores donde las condiciones laborales distan de ser ideales. Un ejemplo es la historia de una dominicana dedicada a la limpieza en hoteles: su experiencia refleja problemas habituales como la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Los grupos más numerosos entre los nuevos residentes provienen de Argentina, Colombia y Perú. Actualmente, los migrantes sostienen la economía de la ciudad, ocupando empleos en hoteles, restaurantes y servicios domésticos.
A pesar de que casi la mitad de los extranjeros cuenta con titulación universitaria, muchos se enfrentan a la no homologación de sus estudios y se ven obligados a aceptar trabajos poco cualificados. Las prestaciones sociales y pensiones no logran reducir significativamente el riesgo de pobreza entre los migrantes, y su acceso sigue siendo limitado.
Las autoridades municipales reconocen que es urgente mejorar las condiciones de integración de los recién llegados, no solo para reducir la tensión social, sino también para aprovechar el potencial de los nuevos residentes en el desarrollo de Barcelona. De lo contrario, la brecha entre la población local y los migrantes seguirá aumentando.












