
Los eventos relacionados con los intentos de reunir a miembros de la comunidad therian en distintas ciudades de España sorprendieron al atraer la atención de miles de personas y provocar una oleada de debates. Para los españoles, esto fue un motivo para reflexionar sobre los límites de la libertad de expresión y sobre la rapidez con la que fenómenos inusuales pueden derivar en disturbios masivos. Las consecuencias de estos encuentros afectaron no solo a los participantes, sino también a los servicios municipales y avivaron las discusiones sobre la tolerancia y la seguridad en las calles.
Barcelona: multitud y caos
En Barcelona, junto al Arc de Triomf, se congregaron unas 3.000 personas con la esperanza de ver a verdaderos therian — personas que se identifican con animales y adoptan su comportamiento. Sin embargo, en lugar de los esperados participantes, la mayoría eran adolescentes, curiosos y transeúntes que simplemente querían grabar lo que ocurría con sus teléfonos. El ambiente se caldeó rápidamente: al principio parecía una reunión juvenil habitual, pero pronto comenzaron los altercados, daños al mobiliario urbano y varias detenciones. Según informa RUSSPAIN.COM, la policía detuvo a cinco personas: cuatro fueron trasladadas por los Mossos d’Esquadra y una por la policía municipal.
Todo ello estuvo acompañado de ruido, gritos y los intentos de algunos por llamar la atención con disfraces y máscaras. No se encontró a ningún verdadero therian entre los asistentes, lo que no hizo más que aumentar la decepción y el enfado de la multitud. Finalmente, los servicios municipales tuvieron que encargarse de los destrozos, mientras que el debate en redes sociales no hizo más que aumentar el interés por el tema.
Madrid y otras ciudades
En Madrid, en la plaza Puerta del Sol, la situación se desarrolló de manera diferente, aunque igual de extraña. Varias personas con máscaras de animales se desplazaban a cuatro patas, rodeadas por cientos de curiosos con sus móviles. Todo parecía más bien una performance que un encuentro de simpatizantes. La gente grababa vídeos, sacaba fotos, comentaba lo que veía, pero auténticos miembros de la comunidad therian no había más que un par.
En Málaga, la atención la acaparó solo una persona con una máscara de caballo, y fue detenido un joven con una máscara de zorro. En Zaragoza, Pamplona y A Coruña, los intentos de reunir a therian tampoco tuvieron éxito: acudieron principalmente curiosos y no quienes eran el objetivo del evento. En algunas ciudades, como Bilbao y Córdoba, los encuentros se cancelaron ante el temor a agresiones y amenazas.
Miedos y cancelaciones
En Bilbao solo acudieron dos jóvenes, que no se pusieron máscaras. Explicaron que su vida apenas se diferencia de la de los demás y lamentaron los rumores y especulaciones que circulan sobre su comunidad. Los organizadores del encuentro en Córdoba anunciaron que no volverán a realizar eventos públicos debido a insultos, amenazas e intentos de sabotear las reuniones.
Todo esto demuestra que el interés por fenómenos inusuales en España suele venir acompañado de incomprensión e incluso de actitudes agresivas. Las redes sociales han amplificado el efecto: los debates, los memes y los vídeos se extendieron por todo el país, y los participantes reales quedaron en el centro de una atención para la que no estaban preparados.
Contexto y casos similares
En los últimos años, España se ha enfrentado en varias ocasiones a concentraciones masivas que comenzaban como inofensivos flashmobs y terminaban con la intervención policial. Por ejemplo, en 2024, en Valencia, un intento de realizar un desfile de disfraces acabó con detenciones por alteraciones del orden público. En 2025, en Sevilla, una reunión multitudinaria de aficionados al anime terminó con la evacuación de la plaza debido a una falsa alarma. Estos casos muestran que las nuevas formas de autoexpresión a menudo provocan una reacción social intensa y requieren respuestas rápidas de las autoridades. Las ciudades españolas siguen buscando el equilibrio entre libertad y seguridad, mientras que las iniciativas poco convencionales generan nuevos debates.












