
Un informe militar desclasificado sobre los acontecimientos del 23 de febrero de 1981 ha vuelto a hacer reflexionar a los españoles sobre la fragilidad de la democracia y el papel de la monarquía en el destino del país. El documento, elaborado por la inteligencia militar, describe por primera vez con detalle cómo esa noche en la residencia real se mantuvieron intensas negociaciones de las que dependía el futuro de España. El foco está en la determinación del rey de no ceder ante la presión y no abandonar el país, pese a la amenaza de una nueva guerra civil.
La noche del 23 de febrero, tras conocerse la toma del Congreso de los Diputados encabezada por Antonio Tejero, en el palacio real comenzaron reuniones de emergencia. Según El País, el rey se negó a apoyar los planes del general Alfonso Armada de liderar un nuevo gobierno, a pesar de los intentos de convencerle de la necesidad de ese paso. En ese momento quedó claro: la monarquía no sería instrumento de un golpe militar.
Momento crítico
Durante varias horas, miembros del mando militar intentaron averiguar si el rey respaldaba las acciones de los golpistas. El general José Juste llamó personalmente a la residencia para saber si Armada estaba junto al monarca. La respuesta fue tajante: no habría apoyo alguno por parte del rey. Tras esto, el secretario del monarca ordenó no permitir la entrada de Armada al palacio bajo ninguna circunstancia.
Paralelamente se llevaban a cabo negociaciones con el general Milans del Bosch (Jaime Milans del Bosch), quien había desplegado tropas en las calles de Valencia. El Rey exigió el cese inmediato de las acciones militares y el regreso de los soldados a los cuarteles. En ese momento, se supo que la televisión estaba controlada por militares y que la emisión del mensaje del Rey podría ser bloqueada.
Negociaciones y ultimátums
Durante la noche del 23 al 24 de febrero la situación seguía siendo extremadamente tensa. El secretario del Rey intentó convencer a Tejero de que se rindiera, pero él insistía en que solo obedecía a Milans del Bosch. Armada, por su parte, seguía defendiendo su plan, pero recibió una negativa tajante: no se le permitió actuar en nombre del Rey.
A la medianoche quedó claro que el intento de formar un nuevo gobierno había fracasado. Armada recibió permiso para entrar al Congreso únicamente para negociar la rendición de Tejero, pero este se negó incluso a discutir las condiciones de salida. Según El País, Tejero rechazó la oferta de abandonar el país con su familia, a pesar de las garantías de seguridad.
La noche decisiva
Al amanecer, el Rey mantuvo otra conversación contundente con Milans del Bosch, insistiendo en la retirada inmediata de las tropas y el fin de toda resistencia. El general informó que Tejero ya no obedecía sus órdenes. El Rey dejó claro que cualquier intento de justificar el golpe en nombre de la monarquía era una traición directa al juramento y al país.
Poco después, Milans del Bosch anunció la retirada de las tropas de Valencia y reafirmó su lealtad a la ley y a la Corona. Al amanecer se supo que Tejero estaba dispuesto a rendirse bajo ciertas condiciones. Estos acontecimientos marcaron un punto de inflexión para la España contemporánea, demostrando que incluso en las horas más críticas la monarquía es capaz de desempeñar un papel clave en la preservación del orden.
Contexto histórico
El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue uno de los episodios más dramáticos de la historia reciente de España. En aquellos días, el país estuvo al borde de una nueva guerra civil y el destino de la democracia pendía de un hilo. Según relata El Pais, los documentos desclasificados permiten ahora ver con otra perspectiva las acciones de sus protagonistas y comprender por qué entonces se optó por la legalidad.
Resulta curioso que, décadas después, el debate sobre el papel de la monarquía y el ejército en aquellos días siga abierto. En este contexto, conviene recordar cómo recientemente muchos partidos se negaron a celebrar el aniversario de la monarquía en el Congreso, lo que volvió a poner sobre la mesa las dudas sobre la confianza en la institución monárquica y su lugar en la política actual.
En los últimos años, España se ha enfrentado en varias ocasiones a intentos de revisión histórica y de replanteamiento del papel de las instituciones públicas. La publicación de nuevos documentos sobre el 23-F puede ser el punto de partida para nuevas discusiones sobre el futuro del país y su sistema político. Revelaciones similares ya provocaron intensos debates, como ocurrió tras la apertura de los archivos sobre la Transición y otros momentos clave de la historia reciente.











